La banalidad del poder

Generalmente se asigna al poder un atributo centrado en que con él todo se puede o todo se alcanza. No solamente en el que se ejecuta en las instancias del Estado sino referido al que circula y se ejerce en las prácticas y relaciones humanas. Expresado en fuerzas que, al funcionar como tales, encuentran su inevitable resistencia en otras que se le contraponen. Lo cual hace expresa también la banalidad del poder. Algunos lo han indicado como que el poder enceguece. Cierra los cauces de la racionalidad. Envilece las posibilidades de hacerlo eficaz para las buenas acciones. No descartable la aplicación de esta tesis a lo que acontece en la casa presidencial. Los medios de comunicación, a diestra y siniestra, replican las idas y vueltas del episodio de la jefa de gobierno en relación con un robo efectuado en su residencia. La carnada fue puesta en vajilla de plata al entrar en acción los medios de seguridad de la casa presidencial. En particular, efectuar chuzadas a la niñera sospechosa de haber cometido el delito. Hecho aprovechado por toda la oposición, la ultraderecha, el fiscal en campaña política, la Procuraduría y la prensa. Mucho más en cuanto quien ejerce el poder ejecutivo y gran parte de su equipo erigieron su condena en bandera de su lucha política para llegar a él. Por supuesto, en nada tiene comparación esto con convertir las chuzadas en una de las políticas centrales del uribismo en sus dos períodos gubernamentales. Tanto, que condujo al cierre del organismo de inteligencia del estado, el DAS. Lo cual no quiere decir que este hecho particular no sea condenable. Al parecer, la inexperiencia en el ejercicio del poder de la funcionaria en cuestión –antes de este puesto no figuraba en ninguna actividad reconocida en el país- y el envilecimiento que produce el creer que todo se puede por la investidura que se tiene, llevaron a situar el gobierno en una innecesaria e inesperada discusión. Propicia para que se mine por dentro el apoyo a los proyectos de reforma presentados al congreso y se releguen denuncias como las de Mancuso responsabilizando a actores políticos y sociales implicados en delitos de lesa humanidad. Este hecho, deja clara también la ligereza con la que actuó el presidente al nombrar en un puesto clave a una persona ajena al proyecto político por tantos años luchado por el pueblo colombiano y materializado en la opción que lo favoreció en el proceso electoral. Extensiva al favorecimiento a un político tradicional como Benedetti, ejemplo de las mañas propias de la politiquería.