La situación de seguridad en el Cauca atraviesa uno de sus momentos más críticos, con hechos delictivos que se repiten en vías principales, zonas rurales y sectores urbanos sin que se evidencie un control efectivo. La vía Panamericana, corredor estratégico para la movilidad y la economía del suroccidente del país, se ha convertido en escenario frecuente de asaltos y ataques armados, generando temor permanente entre quienes deben transitarla a diario. Este panorama refleja una crisis estructural que va más allá de un caso puntual y pone en evidencia la debilidad de la política de seguridad departamental.
En este contexto, la gestión del subsecretario de Seguridad del Cauca, Diego Lasprilla Ramos, es duramente cuestionada por amplios sectores ciudadanos. A pesar de los anuncios oficiales, planes de choque y consejos de seguridad, los resultados no se perciben en el territorio. Para muchos caucanos, la Subsecretaría parece desconectada de la realidad, limitada a pronunciamientos posteriores a los hechos, mientras la delincuencia se fortalece y amplía su radio de acción.
La función de esta dependencia no es solo informar, sino liderar, coordinar y apoyar de manera efectiva a la Policía y al Ejército. Sin embargo, transportadores, comerciantes y comunidades coinciden en que no existe una estrategia sostenida ni una presencia institucional que disuada el delito.
El descontento crece. Los caucanos están cansados de promesas y explicaciones. Exigen una gestión en seguridad que se traduzca en acciones concretas, resultados visibles y una respuesta real frente a una crisis que ya no admite más excusas.

