Las palabras también hieren
El lenguaje agresivo se ha vuelto cotidiano. Insultar, descalificar y humillar parece hoy una forma válida de opinar, especialmente en redes sociales. Se confunde libertad de expresión con agresión, y se pierde de vista que las palabras construyen realidades y dejan huella.
La violencia verbal no es inofensiva. Daña relaciones, fractura comunidades y normaliza el odio. Cuando se acepta como parte del día a día, se abre la puerta a otras formas de violencia más graves. El respeto no limita el debate; al contrario, lo eleva.
Hablar con firmeza no implica hablar con rabia. Opinar no exige destruir al otro. Recuperar un lenguaje más responsable es urgente si se quiere reconstruir la convivencia y el diálogo social.



