Las niñas de los columpios

 

Una niña de unos 4 años de edad, se acerca a unos columpios en un conjunto cerrado de una ciudad cualquiera en Colombia, cuando se dispone a subirse, llega corriendo otra niña un poco más grande y se sube primero y la quita a la fuerza. El padre de esta niña observa a cierta distancia, complaciente la actitud de su hija. El padre de la más pequeña, se queda un poco consternado y trata de consolar a la suya llevándola a otro juego. En un segundo columpio, un niño que ha observado la injusticia le ofrece a la pequeña su columpio y le dice que lo buenos es compartir. Que lección tan grande de ese pequeño y que retrato de lo que es la educación de algunos padres que forman niños tolerantes unos e intolerantes otros, educación que al final se ve reflejada en las calles, en las instituciones educativas, en los lugares de trabajo y en la sociedad en general.

Mala educación

Si queremos que nuestra sociedad alguna día sea un buen lugar para vivir, que nuestros hijos puedan convivir en paz y no vivir permanentemente amenazados por las circunstancias, la violencia y la inseguridad, tenemos que cambiar la forma como estamos educándolos. Hay que enseñarles la virtud del diálogo como medio fundamental para solucionar los conflictos y las diferencias. Y así quizás no volveremos a ser testigos de muertes tan absurdas como las del pasado miércoles cuando un tipo le quitó la vida a otro sujeto después de un accidente de tránsito sin importancia. 

Algunos consejos

El primer paso para que nuestros hijos sean tolerantes desde pequeños pasa por mostrar nosotros respeto por los que nos rodean. La mayoría de los niños ven las diferencias entre sus compañeros como algo natural desde las primeras etapas escolares. A veces, el problema de falta de tolerancia lo tenemos los adultos, no nuestros hijos.
Los niños siempre están atentos a todo lo que hacemos y decimos y quizás a veces no somos conscientes de la manera poco correcta con que nos dirigimos o hablamos de alguien diferente a nuestras creencias.
Los niños que se sienten mal consigo mismos generalmente tratan mal a los demás, mientras que aquellos que tienen la autoestima alta se valoran y se respetan, y suelen tratar a otras personas con respeto. Por eso, hay que ayudarles a sentirse aceptados, respetados y valorados. Y una forma de lograrlo es evitando las comparaciones entre hermanos.