La experiencia en materia de gobernantes, indica que no es ninguna garantía de buena gestión, contar con gobernadores, alcaldes, congresistas, ni siquiera presidentes de la propia tierra. Cauca ha puesto un buen número de presidentes de la República, nada menos que 16, y eso no ha servido para frenar el atraso que indefectiblemente ha ido sufriendo el departamento con el transcurrir de los años. Atraso vial, pobreza, violencia, narcotráfico, incipiente tejido productivo, desempleo.
Y en el plano de los gobernadores lo mismo; solo por dar unos ejemplos recientes, el pueblo natal del exmandatario y excongresista Temístocles Ortega Narváez, Mercaderes, al sur del Cauca, con un acueducto inútil y un pueblo con escasez de agua. Ahora al actual gobernador Elías Larrahondo, el primer mandatario afro en la historia del departamento, de la misma línea política de Ortega, también se le reprocha que le haya dado la espalda a su tierra y a sus gentes. Hay decepción en las comunidades de Puerto Tejada y Buenos Aires por la pobre gestión de Larrahondo y el incumplimiento sistemático de las promesas de campaña. O sea lo de siempre. En el caso de Puerto Tejada, se vive cierta frustración porque les prometieron en el año 2020 un Centro de Alto Rendimiento para deportistas. El mismo alcalde Dagoberto Domínguez, se ilusionó en su momento cuando anunciaba con mucho entusiasmo la construcción de este centro deportivo. El mandatario anunció a medios regionales que “en cuarenta y cinco días nos estarán entregando los estudios y diseños. Era un sueño para nosotros los portejadeños”. El próximo mes de septiembre se cumplirán dos años de esa promesa, y no se vislumbra a corto plazo ningún avance. Algo similar ocurre en el municipio de Buenos Aires, específicamente en el corregimiento de Timba, allí existe una vía terciaria en condiciones vergonzosas que no parece que vayan a cambiar.Y eso es el resultado de un ejercicio político clientelista al que nos hemos acostumbrado, porque es indudable el apoyo que han recibido estos gamonales en las urnas, pero este apoyo es el producto de un trasegar de favores y favorecimientos, no por la gestión al frente de alcaldías o gobernaciones. Es el intercambio del ‘favor’ por el voto. Esa es la política que conocemos, y ese es fruto de la corrupción. El elegido debe pagar el apoyo financiero de las campañas, y en eso se concentran sus esfuerzos, poco o nada importa lo que se le prometió a la gente: la carretera, la placa huella, el acueducto, sin importar que sea su propia gente, sus coterráneos. Primero lo primero, y por eso son casi normales la queja y la frustración permanente de las comunidades a las que se les prometió y luego dejan esperando.





