Laura Sarabia ha tenido múltiples oportunidades dentro del Gobierno, incluso tras episodios polémicos. Su primera salida del gabinete presidencial ocurrió en medio del escándalo por la pérdida de maletas con dinero en efectivo y documentos supuestamente relacionados con seguridad nacional en su apartamento en el norte de Bogotá. Este caso también implicó la interceptación ilegal de comunicaciones de Marelbys Meza, su exempleada doméstica, y la realización de un polígrafo para determinar su participación en la pérdida del dinero, cuyo monto sigue siendo incierto.
Posteriormente, salieron a la luz audios de conversaciones con su exjefe Armando Benedetti, quien en tono hostil hacía referencia a presunta financiación ilegal y otros secretos de la campaña presidencial. Pese a estos incidentes, Sarabia regresó al Gobierno como directora del Departamento de Prosperidad Social (DPS), aunque su rol estaba más ligado al presidente que a las labores propias de la entidad. Luego, asumió la dirección del Departamento Administrativo de la Presidencia (DAPRE), donde tomó un papel protagónico en áreas estratégicas como seguridad, logística gubernamental y coordinación del gabinete, además de liderar proyectos clave del Gobierno Petro.
Durante su gestión en el DAPRE, Sarabia ha desempeñado un rol decisivo, como en la negociación con el sector bancario para facilitar créditos por 50 billones de pesos, el diseño de estrategias de reactivación económica y su participación en el plan de recuperación de Cauca. Según fuentes cercanas, su papel en la administración ha sido tan influyente que muchos la consideran la verdadera tomadora de decisiones en ausencia del presidente.
Sin embargo, su relación con el mandatario podría estar en un punto crítico. Fuentes del Palacio de Nariño indican que la cercanía entre Sarabia y Petro se ha debilitado, aunque reconocen que su capacidad para tender puentes con el sector privado ha sido crucial para esta administración. Entre las especulaciones sobre su futuro, algunas apuntan a que podría asumir un rol en la Cancillería, mientras que Augusto Rodríguez, actual director de la Unidad Nacional de Protección y cercano a Petro, sería su posible reemplazo. Rodríguez, exintegrante del M-19, ha tenido una relación distante y conflictiva con Sarabia.
Además, el canciller Luis Gilberto Murillo podría renunciar en 2025 para postularse como precandidato del Pacto Histórico en las elecciones de 2026, lo que abriría una puerta para un eventual cambio en el gabinete. Al ser consultada recientemente, Sarabia afirmó: “No he renunciado, y el presidente no me ha pedido la renuncia. Estaré en el DAPRE hasta que él lo considere pertinente”.
En redes sociales, una foto reciente de Sarabia con el canciller Murillo desató especulaciones sobre una posible candidatura política, aunque esta interpretación no parece realista. Por otro lado, algunos creen que Petro podría optar por un equipo más alineado ideológicamente con su agenda, lo que debilitaría la posición de Sarabia, percibida como una operadora política más pragmática que ideológica.
A sus 30 años, Sarabia ha alcanzado un nivel de influencia pocas veces visto en la política colombiana, dejando una marca en varias instituciones clave. No obstante, su futuro político y judicial está aún por definirse.





