Ley de la selva

 

Son muy preocupante los efectos que está generando la inseguridad ciudadana, en los hábitos de las personas, a los que nos hemos referido antes, es decir la aprensión, la angustia, el temor generalizado etc. Pero también resulta inquietante la idea que se está generalizando de que en vista de la impunidad con la que actúan los delincuentes, del cinismo y sobre todo de la violencia que emplean (en estos días vimos el caso de un ciudadano que fue herido de bala por robarle un celular), lo único que nos queda es defendernos nosotros mismos.

Arma de fuego

Y esa idea viene necesariamente atada a la necesidad de poseer un arma de fuego para enfrentarnos a los criminales pues la Policía no es capaz de garantizarnos la seguridad. Y esa intención en un país como Colombia, con unos niveles de intolerancia tan altos, es para preocuparse, pues las armas no son para todo el mundo, y estas acabarán siendo usadas en escenarios distintos a los de un hecho de inseguridad, por cualquier razón.
Y ahí están los datos, las cifras de homicidios en Colombia aumentaron más del 60%, informó el director de la Policía Nacional, especialmente los fines de semana. También se incrementaron las rilas, la intolerancia. Es decir que ese cuento de los tiempos de la cuarentena, de que íbamos a ser mejores seres humanos que íbamos a valorar más la vida, la propia y la de los demás, que seríamos más tolerantes, solo fue eso, un cuento. Hemos salido más agresivos y violentos, como si de fieras que hubieran estado encerradas se tratara. Y sumado a la crisis económica y de empleo que vivimos, la situación se pone peor.    

Ley de la selva

En ese escenario posible, en el que muchos ciudadanos van a salir a comprarse un arma de fuego, real o traumática para acabar con cuanto ladrón se le cruce en el camino, la vida se va a complicar aún más. Será una especie de ley de la selva, en el que por cualquier nimiedad, desacuerdo, o empujón involuntario le pueden a uno estar descargando un proveedor. Somos un pueblo violento, nos hemos matado, nos matamos y nos seguiremos matando con motivo o sin él, y la raíz de esa violencia no se ha tocado, no es ni política, ni económica, el sustrato del que se alimenta está en el maltrato y la violencia contra los niños. Y ese veneno sigue ahí como un pozo maloliente y profundo.