El liderazgo es una de las cualidades más mencionadas y menos practicadas. En Colombia se confunde con autoridad, popularidad o poder, cuando en realidad implica servicio, coherencia y responsabilidad.
Un líder no es quien manda, sino quien guía. No es quien habla más fuerte, sino quien escucha. Esta confusión ha generado vacíos en distintos ámbitos: político, social y comunitario.
La falta de liderazgo auténtico se refleja en la desconfianza ciudadana. Cuando las palabras no coinciden con los hechos, el liderazgo se erosiona.
Formar líderes requiere educación ética, pensamiento crítico y ejemplo. No discursos grandilocuentes.
Colombia necesita menos figuras carismáticas y más liderazgos responsables.





