En un acto cargado de simbolismo y emoción, Jesús David Martínez Ríos, un niño de 13 años de Pitalito, tocó la campana del Instituto Médico Oncológico, marcando el final de su tratamiento contra un tumor cerebral. La historia de una batalla clínica que se vivió como una causa judicial entre la vida y la enfermedad.
El ‘victimario’
El expediente médico señalaba un diagnóstico contundente: meduloblastoma. Un enemigo invisible que se alojó en el cerebro de Jesús David y cambió el rumbo de su niñez. Tenía apenas 12 años cuando comenzó el proceso. Lo que siguió fue una lucha sistemática, fría, sin jurado, pero con testigos, donde cada sesión de quimioterapia y radioterapia era una audiencia más en el juicio por su vida.
En el banquillo de los acusados, el cáncer. En la defensa, la ciencia, la fe y el amor de una familia. Bajo la guía de la hemato-oncóloga pediatra María Camila Suaza Vallejo, Jesús David presentó una resistencia digna de los casos más esperanzadores.
La ‘sentencia’
La ‘audiencia’ final llegó. El veredicto no fue dictado por un juez, sino por el eco metálico de una campana que sonó como sentencia de libertad. Jesús David la tocó con fuerza, como quien cierra una puerta oscura y abre otra llena de luz. No fue un adiós definitivo a los hospitales, pero sí un alto en el camino: ahora empieza el seguimiento, el control, la esperanza. La vida ganó el caso. Y Jesús David salió del tribunal del dolor como un sobreviviente, con la mirada limpia y el alma en paz.





