Acarreando piedras  y la vida del artista

Don Chirimias

Hace algún tiempo, en una de las entradas rústicas a los nuevos conjuntos residenciales en el norte de Popayán, se veía a un humilde hombre que se dedica a acarrear tierra y piedras para tapar los boquetes de la vía a cambio de alguna moneda que le ofrecían los conductores. Resultaba conmovedor ver a este ciudadano bajo la dureza de la intemperie en esta agotadora e interminable labor. 

Hollywood 

Tenía el aspecto de un condenado a trabajos forzados de película de Hollywood. Seguramente recibía dinero más por la compasión que generaba que por la eficiencia y el valor de su tarea. Resultan conmovedores muchos de los esfuerzos de la gente y el talento expuesto en las calles para ganarse la vida. Los jóvenes que lanzan machetes al aire en los semáforos, deben haber invertido mucho tiempo para conseguir ese nivel de precisión circense. Y todo para ganarse una moneda. No sabemos cuántos están en las esquinas de las ciudades por vocación, porque tienen desde niños la certeza vital de que nacieron parea eso. Sospecho que son muy pocos. La dureza de la calle, del tráfico, de la intemperie, de ese errar de ciudad en ciudad se les nota en la piel curtida, en los rostros envejecidos. 

Artistas 

La vida de los artistas siempre fue dura. Cuántos poetas no han sido vapuleados por la pobreza, cuántos talentos no se calcinan bajo el sol brutal e indolente de una calle miserable cualquiera, de una ciudad cualquiera, bajo el veneno de desprecio en la mirada de la gente que observa desde el colectivo, desde el mostrador grasoso del almacén de repuestos. Es fácil juzgar a los demás, lo difícil es tratar de desenredar el ovillo de acontecimientos que ha conducido a ese ser humano a la situación actual, a cada una de ellas, con su nivel de miseria, fortuna o suerte. Todos con su caso. Ahí está el enfermo contumaz a las colas de le EPS, aun sabiendo que su alivio es improbable en manos de la medicina tal como hoy funciona. Y está el hombre sin empleo que agota entre citas y hojas de vida la esperanza de ser alguien útil para sí mismo y para la sociedad, Una esperanza que se apaga cada noche de vuelta a casa, a pie porque no hay para el colectivo, una esperanza que insólitamente reverdece cada mañana, invencible, terca, ciega, como lo humano. 

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