Cuando despertó, el hueco todavía estaba allí

Nicolás Escobar BejaranoNicolás Escobar Bejarano

Al momento de la circulación de esta columna de opinión, se debe estar ad portas  de la celebración del natalicio de Augusto Monterroso, maestro de la brevedad.
Cuando uno menciona grandes textos de la literatura latinoamericana es factible que se le vengan a la mente obras majestuosas como “Rayuela” de Julio Cortázar, “Cien años de soledad” de García Márquez o “Akelarre” de Mario Mendoza –guiño guiño-, pero pecaríamos al dejar por fuera los maravillosos textos cortos que Monterroso nos entregó (siendo su más icónico, el del dinosaurio: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”).
Nació en Tegucigalpa (Honduras), vivió sus primeros años en Guatemala y como otros grandes autores sintió en su corazón la  efervescencia de la revolución, lo que lo llevó a respaldar la revolución democrática de 1944 que derrocó la dictadura de Jorge Ubico. Sin embargo, tuvo que vivir el exilio en  México, donde pasaría el resto de sus días hasta que la muerte tocara su corazón a los  81 años (una vida bastante extensa para un posmodernista que escribía en los caracteres que ocupa un  tweet). Recomendaba, además, a sus alumnos y seguidores  agregarle errores a los textos escritos pues la imperfección siempre sería una obra humana. Por esto y más, la vida de Monterroso es única, pues nos propone un estilo narrativo adverso a la seriedad académica a la que veníamos acostumbrados. Escribió, y con eso nos enseñó que la vida es tan solo un par de líneas. 
Adenda 1: Que alguien le informe de manera inmediata al señor Juan Carlos López Castrillón (alcalde de la ciudad de Popayán) que el ente gestor del sistema estratégico de transporte público de la ciudad (Movilidad Futura), le puede ayudar con el ensamblaje de la pista de hielo. 
Adenda 2: Se acercan las elecciones de Consejos de Juventud – la apuesta del gobierno de turno para que los jóvenes entre los 14 y 28 años puedan participar activamente en  la gestión pública de los entes municipales-, sin embargo, he visto muchos candidatos jóvenes –con micrófono en mano-, gritando a los cuatro vientos ideas recicladas de esa clase política dominante; entre esas ideas, el machismo -característica propia de la cultura patriarcal- que promueve la segregación y  la discriminación de las mujeres y de las nuevas formas de ser, pensar y sentir. Si bien es cierto, esas ideas están muy presentes y personificadas en algunas figuras políticas, debemos tenerlas en cuenta a la hora de dar un viraje como sociedad.
 

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