El ermitaño deTreig

Nicolás Escobar BejaranoNicolás Escobar Bejarano

La historia es simplemente de no creer, durante cerca de 40 años Ken Smith  (un hombre de 74 años) ha vivido en una cabaña de madera –construida por él - a la orilla de un lago en Escocia (Reino Unido), sin electricidad ni agua, sin señal de teléfono celular y lejos de cualquier contacto humano.
Sus días transcurren pescando y recolectando alimentos al borde del lago Treig –a dos horas en automóvil de la carretera principal Rannoch Moor-, sitio que según dicen, fue habitado  por personas tiempo atrás.
Ken nació en  Derbyshire (Inglaterra), vivió una vida común y corriente pero todo cambió cuando tenía 26 años de edad, pues  sufrió una hemorragia cerebral que lo llevó a perder el conocimiento durante cerca de 23 días, producto de una agresión colectiva por parte de un grupo de matones. ¡Imaginen despertar un día y no reconocerse en el espejo!
A partir de ese momento, decidió que nunca viviría su vida de una manera convencional, por eso caminó 35.000 kilómetros para llegar a lo que hoy considera su hogar. Poco tiempo después, se enteró de que sus padres habían fallecido y este suceso, aunque fue uno de los más difíciles de su vida, marcó el derrotero para salir de lo que hoy consideramos como sistema.
La historia ha cautivado a miles de personas a lo largo del mundo, entre las que se encuentra la cineasta Lizzie McKenzie, quien se puso en contacto con Smith y desde entonces ha filmado un documental sobre su vida llamado The Hermit of Treig (“El ermitaño de Treig”).
La historia de Smith me recordó la de Theodore John Kaczynski (también conocido por el sobrenombre de “Unabomber”) aquel matemático y filósofo que se internó en el medio de un bosque para vivir una vida fuera del sistema capitalista y desde ese sitio – que también consideraba su hogar- empezó a enviar cartas bomba para lograr derrotar el sistema. Esto hizo que fuera considerado uno de los terroristas más peligrosos del mundo. Después de su captura se le perdonó la vida  mediante un acuerdo con la  justicia gringa en donde se declaraba culpable y en contra-prestación sería condenado a ocho cadenas perpetuas sin posibilidad de libertad condicional.
Las dos historias antes mencionadas tienen algo en común: la necesidad de salir de un sistema depredador, que nos obliga a consumir y producir en proporciones desmesuradas, sin embargo,  la decisión que tomó Ken es la que todo el mundo desearía tomar pero nadie lo hace, pues qué difícil puede resultar hacerlo en un país como Colombia en donde muchas  personas  son condenadas (por el Estado) a vivir en la ermitañedad: sus viviendas no tienen  luz, agua o gas, además, es imposible soñar con una pensión o un sistema de salud condescendiente. ¡Esa es nuestra nefasta e infalible realidad!
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Adenda: Confirmado, el tercer Reich se construirá en Tuluá (Valle).
 

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