El Informe Final, sin habladurías

David LedezmaDavid Ledezma

La mayoría de personas, por su estilo de vida o sus ocupaciones, no ha tenido, ni tendrá el tiempo ni la disposición para leer el informe final de la Comisión de la Verdad (probablemente, algunos estemos en el grupo que ha descargado hasta ahora algo así como 2800 páginas, ojeado los capítulos para entender su estructura y sus enfoques, y leído algunos puntos).  La más reciente entrega (“No matarás”, el relato histórico del conflicto armado) me recordó cuán difícil fue estructurar para mi tesis de grado sobre Luchas Sociales un relato condensado de lo que hemos vivido. Solo eso bastó para que fuese notorio el esfuerzo monumental que hizo la Comisión de la Verdad para darle al país la posibilidad de mirar su propio retrato en menos de 500 páginas, es decir, lo que la estructura del Informe Final muestra es que lo que ha pasado en Colombia está muy lejos de explicarse con una breve fábula de buenos y malos, y que, en cambio, la maldad y las responsabilidades oscilaron de un lado para otro con una facilidad aterradora (como efectivamente pasa en la vida real).De ahí que haya despertado tanto interés entre la ciudadanía las estrategias que se emplearán para que el informe llegue a la mayor parte de población con lenguajes y medios diversos, tales como audiovisuales, conversatorios y cátedras. 
Hago un esfuerzo entonces por entender a aquellos que dicen que el informe final está sesgado (aunque el sesgo parece ser de ellos, porque están repudiando con ligereza el informe incluso desde antes de que se publicara el primer documento parcial), y yo los trato de entender pero me quedan pocas opciones, pues veo que la principal crítica de algunos es que el informe haga mención de las responsabilidades del Estado, las Fuerzas Armadas y parte la sociedad civil en el conflicto armado, y si a eso le sumamos que el informe no escatima en dar cuenta detallada de las responsabilidades de guerrillas y paramilitares (el documento, por el contrario, es severo con esos grupos), es difícil entender cuál es el objetivo “loable y patriótico” de algunas personas con que muchas responsabilidades documentadas no se incluyan en una narración del país que es necesariamente densa, amplia, por pasajes desconcertante y muy dolorosa.Mientras leo de a poquitos, me seguirá resultando curioso que algunos personajes despotriquen del informe final con un tono categórico, casi como si fuesen prodigios de la lectura rápida y de la intertextualidad; un tonito casi tan categórico como cuando hablan de la biblia para imponer sus miedos. Sí, la biblia que tampoco leen .

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