El tabú del suicidio

Don Chirimias

Lo del suicidio era una especie de tabú, una situación vergonzosa a nivel social y un pecado sin retorno a nivel religioso, por lo tanto era algo de lo que no se podía hablar abiertamente, era una herida sangrante en las familias que habían sufrido una pérdida de esa manera. Pero lastimosamente los tiempos han cambiado, y para mal en muchos sentidos y el suicidio se ha convertido en un problema de salud pública, como tal hay que abordarlo, desde la institucionalidad, desde la comunidad, las instituciones educativas y la sociedad en general. 

Amor, amistad y rumba

A propósito de jóvenes, rumba, depresión, soledad y alcohol, la gente andaba alborotada el día del amor y la amistad. Restaurantes, discotecas, bares, estancos a reventar. Como si la pandemia fuera cosa del pasado. La gente vacunada se cree indestructible, inmortal. Y no es así, entre más imprudencias se cometan, mas vamos a tardar en llegar a la inmunidad de la manada, que podría significar un regreso a la “normalidad”, así entre comillas, porque muy normales no es que seamos, más bien vivimos en una sociedad disfuncional y enferma.
De todas maneras las autoridades sanitarias prevén y advierten de un nuevo pico de contagios para el mes de octubre como resultado de esta especie de euforia ocasionada por el avance en el tema de la vacunación. Esperemos que aquí nos sea leve, no hay nada peor que la cárcel o la cama del hospital, allí nos enfrentamos a nuestra propia fragilidad, a nuestra condición humana, a nuestras miserias.

El aire gratuito

Como suele pasarnos a todos, no valoramos lo que la vida y Dios nos da. El aire que respiramos, gratis, ni lo notamos, pero el enfermo en el hospital conectado a unos tubos, lo daría todo por estar sano, respirando, respirando. Y así sucede con todo, las personas que se marchan de nuestro lado por una u otra circunstancia de repente dejan un vacío tremendo, y ahí estuvieron siempre, día tras día, casi desapercibidos. La gente del barrio San Francisco a pesar de todos los esfuerzos ambientalistas que se han hecho para mantener limpio el río Molino y sus orillas, están padeciendo los malos olores. Y eso queridos amigos es algo muy fastidioso, un agresivo mal olor, permanente, olor a podredumbre. Estamos convirtiendo nuestros ríos, antaño cristalinos, en auténticas letrinas, que tristeza. La Ptar se convirtió para Popayán en una utopía como para el Cauca la carretera al mar y la doble calzada a Santander de Quilichao.

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