El triunfo de la esperanza

Diego Jaramillo SalgadoDiego Jaramillo Salgado

Toda la esperanza aprisionada en vagones de fuego de la historia salió a la calle en los últimos años. Hacían eco de ese largo caminar en resistencia de indígenas y negros por no desaparecer. De la creatividad de mujeres y hombres excluidos por el patriarcado y el machismo, el racismo, y la explotación. Comprimida reiterativamente por la violencia gubernamental y la perpetuación de la dominación de las élites y clases dominantes, se hizo voto individual y colectivo para anunciarle al país que podemos fortalecer los senderos de vida digna. Una raya o una equis sobre dos caras sonrientes anunciando la posibilidad de hacer la vida sabrosa, se hicieron corriente irrefrenable hasta llegar al mar del triunfo del Pacto Histórico. 
Lo hicieron millones de desplazados que queriendo volver a sus territorios, están hastiados de enfrentarse a las promesas de los politiqueros de turno o a la acción de las armas como único argumento para su reconocimiento. Miles de familias de desaparecidos haciendo uso de la opción de ser visibles al estado. Oleadas humanas que en las calles arañan a las ventas callejeras un mendrugo de pan, esperan ser canalizadas hacia mejores condiciones de vida con el triunfo. Cientos de hombres y mujeres aspirando a concretar los sueños de paz y de nuevo país creados cuando entregaron sus armas y renunciaron a su derecho a la rebelión. Otros tantos aferrados a la idea de que los resultados de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y los acuerdos de la Habana deben ser desarrollados a profundidad. En fin, como lo dijera un poeta nuestro: crece la audiencia, y sus ecos recorrieron el país, se hicieron voto y esperanza. Un amasijo de voluntades hechas un haz de intenciones de lograr un mundo mejor.  Difícil de realizar si entendemos la inmensa acumulación de necesidades insatisfechas y el acecho de quienes hacen del interés colectivo algo esquivo. Mayor aún si registramos la profunda conflictividad política y social no superable si no caminamos por los senderos de los acuerdos y de los consensos. De todas maneras, que después de quinientos treinta años de la invasión española y doscientos doce de fundada la República llegue al gobierno un hijo del pueblo y respaldado por él es ya una opción hacia una sociedad mejor.

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