Francia Márquez, la voz de la dignidad

Por Donaldo Mendoza

Ante una plazoleta (San Francisco) colmada, la candidata a la vicepresidencia de Colombia por el Pacto Histórico, Francia Márquez Mina, pronunció un discurso coherente en ideas y pleno de significados. Un aura de liderazgo caracteriza a esta mujer que ha crecido en medio de riesgos y dificultades. Un liderazgo tan vigoroso que ha hecho invisibles a los otros vices en competencia. En su alocución, de casi una hora, hubo una palabra que fue espina dorsal de su discurso: DIGNIDAD.  Francia Márquez viene haciendo camino desde la periferia hacia el centro y, dentro de ese espacio, todos los hombres y mujeres habitantes de un territorio, que se piensa común, pero que hoy se distribuye mezquinamente entre una minoría con casi toda la riqueza, y una inmensa mayoría en donde más de veinte millones de compatriotas se reparten la pobreza y el hambre; ya lo había advertido Jesucristo hace más de veinte siglos: “Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza”, que no lo decía por él, porque a su paso iluminado las puertas se le abrían, sino por los pobres que se apiñaban en los caminos.   Francia ha vestido de nuevos sentidos una popular expresión: “para vivir sabroso”. Tan cercana a esa otra de “barriga llena, corazón contento”. Que así debería ser: que cada quien tenga lo que se merece, en el sentido favorable; y en proporción a sus méritos y condición de personas. Si esas condiciones se dieran, no habría “polarización” sino el debido respeto por el otro, y el merecido respeto que se inspira hacia sí mismo. Nadie humillado ni ofendido, todos reconocidos en su decencia.  De ese talante es el mensaje de Francia, el mensaje que hoy nos debe mover a la acción, por la dignidad de todos. Y así lo dejó sugerido: “La dignidad es un ideal por el que vale la pena luchar y por el que vale la pena morir”. Es tan caro este valor que, sin dignidad, hasta la identidad se pierde. El valor del mensaje de Francia es que, no busca la dignidad del marginado únicamente, sino la dignidad de todos; por la sencilla razón de que, el que oprime también se hace indigno. Tanta desigualdad en Colombia es por la mezquindad de gobernantes que se niegan a entender aquello que advertía Kofi Annan, secretario general de las Naciones Unidas (1997-2006): “Lo que comienza con el fracaso en la defensa de la dignidad de una vida, con demasiada frecuencia termina en una calamidad…”. Advertencia que en Colombia no se reconoce, sino que confunden a la gente con el cuento de la “polarización”. 

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