Mala leche en el comercio payanés

Don Chirimias

Hay gente que se mete a comerciante sin vocación, sin mística, sin amor por lo que hace. Simplemente porque no tuvo otra opción para ganarse el sustento o porque no encontró trabajo en lo que le gusta hacer de verdad. Entonces va y abre una tienda, una cafetería o un restaurante. No sabe de contabilidad, cuentas, mercadeo o servicio al cliente, pero se defiende, y está en su derecho. Estamos en una economía de mercado y todo el mundo tiene la posibilidad de hacerlo, al menos eso, la posibilidad, no siempre la capacidad. Meternos a zapateros, todos podemos, pero que lo hagamos bien, eso ya es otro cuento.


Como pidiendo un favor

Ser comerciante o empresario es una profesión como cualquier otra. Necesita unos conocimientos, unas habilidades, una disposición. Aquí en Popayán eso no lo tenemos muy claro. Entidades como la Cámara de Comercio, las mismas dependencias del gobierno que manejan temas empresariales, incluso las universidades, deberían tener programas para capacitar a los pequeños comerciantes en mercadeo, servicio al cliente, incluso en relaciones personales.
Toda esta cantinela es para decir que Popayán es rica en ese tipo de establecimientos comerciales en los que uno siente que está pidiendo un favor en lugar de sentirse como cliente. No se trata únicamente de la amabilidad, pues eso es solo parte del concepto general más complejo de servicio al cliente. Pero ese es otro cuento, y no tenemos mucho espacio para profundizar. Solo queremos enumerar una serie de experiencias negativas y malos ratos que uno se lleva en el comercio payanés.

Mala leche

Conseguir un almuerzo o un desayuno un día domingo en algunos sectores es casi imposible, y eso para las tantas personas que trabajamos los domingos es un problema. Comprar cualquier artículo como ropa, calzado, papelería, electrodomésticos, etc, antes de las 9 de la mañana no es nada fácil. En un supermercado de cadena del centro de Popayán, no puedes pedirle eso a los carniceros que te muelan un kilo de carne, porque parece que los estuvieran insultando. Simplemente no les da la gana. Y ahí cerca, hay otra carnicería cuyos dependientes, no sé si serán empleados o dueños, pero tienen una cara de pocos amigos y tanta grosería para atender, que da hasta miedo entrar. No lejos de ahí, hay una frutería en donde la dueña siempre está hablando por teléfono, y no le interrumpas la conversación para preguntar por el precio de algo, no te lo recomiendo.      
 

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