Pasividad frente a la inseguridad en el Cauca

Que el norte del Cauca es una región donde está disparada la violencia y la inseguridad, ya no sorprende a nadie, ya no es noticia; casi a diario tenemos noticias de homicidios, robos y otras acciones delincuenciales. Pero lo que resulta más preocupante es que desde la comunidad se perciba una ausencia absoluta de autoridad de los alcaldes y principalmente del gobernador del Cauca. Eso es lo que han expresado varios líderes del municipio de Puerto Tejada, frente a la ola criminal que no da tregua en este municipio, pero también en Villa Rica, Guachené, Puerto Tejada, Santander y aledaños. Al parecer el mandatario de Puerto Tejada ha perdido el contacto con la comunidad o ha perdido el interés por los problemas que golpean al ciudadano de a pie, y en este caso específico la inseguridad. El hampa, las pandillas, el crimen organizado campa por las calles del Puerto ante la impotencia de las autoridades que no alcanzan a contener la criminalidad.  Aunque la gente concentre en la figura del alcalde toda la responsabilidad, la verdad es que no es así, pues lo que ocurre con los delincuentes reincidentes es lo mismo que ocurre en todo el país; la fragilidad del sistema judicial a la hora de aplicar la ley. Y eso se refleja en el tema de las personas que se encuentran en prisión domiciliaria, que para ellos es otra forma de libertad pues siguen delinquiendo como si nada. Se dedican al robo de vehículos, al sicariato y al cobro de vacunas sin ningún problema.  Al parecer en Puerto Tejada no existe una política de seguridad clara que permita fijar marcos de acción frente a la delincuencia, así como las pautas de prevención que muchos habitantes esperan. En este sentido el vecino municipio de Villa Rica tiene el primer lugar en robo a motocicletas en todo el Cauca. A la sombra de la  inoperancia de los gobiernos locales y del regional frente a la inseguridad, y ante la desesperación y vulnerabilidad ciudadana, los grupos ilegales vienen haciendo justicia por su propia cuenta, con homicidios selectivos y sistemáticos, donde los objetivos preferidos son los jaladores de motos y los delincuentes comunes. Ante la impunidad reinante muchos ciudadanos de estos municipios avalan y justifican el accionar de la limpieza social, una forma de crimen que cada día sube los niveles de salvajismo. Si a este panorama le añadimos la gran influencia del narco y el mitrotráfico que alimenta las organizaciones delictivas en lo urbano y en lo rural, toda vez que el norte del Cauca sigue siendo un corredor estratégico para el tráfico de drogas y armas.   Desde que el actual gobierno nacional le dio la espalda a los acuerdos de Paz de La Habana, los actores del conflicto se reconfiguraron y el negocio del tráfico de drogas se fortaleció. Esperemos que con el próximo Gobierno Nacional, se empiece a buscar una solución para este flagelo, pero también las autoridades regionales deben  despertar ya de  esa especie de marasmo en el que parecen estar.