Colombia ha experimentado cambios culturales significativos a lo largo de los años, pero al explorar las razones detrás de la arraigada tradición festiva y sonora de la Navidad, nos encontramos transportados a un momento crucial en 1929, cuando la radio marcó un hito transformador. La Navidad ya no requería la presencia de artistas en vivo para animar las festividades, ya que la radio introdujo éxitos internacionales que resonaron con la audiencia colombiana.
Este cambio llevó al predominio de canciones que se convirtieron en tendencia, desplazando las tradicionales melodías de los villancicos. El punto de inflexión se produjo con el lanzamiento de «El Botecito», interpretado por Tito Guízar, «El Ventarrón» de Alfonzo Aya, magistralmente interpretado por Porfilio Díaz, se consagró como la primera canción tropical que dejó su huella en las festividades decembrinas colombianas.
No fue sino hasta el 12 de mayo de 1943 que Colombia dio un paso significativo hacia la independencia musical, cuando se produjo el primer disco con la participación del destacado artista Guillermo Buitrago. A partir de ese momento, los artistas colombianos comenzaron a ganar protagonismo y a ocupar los primeros lugares en las preferencias musicales del país, marcando así el inicio de una nueva era sonora autóctona que perdura hasta nuestros días.
Actualmente se tienen ranking de las mejores canciones, estas son las más sonadas durante todo el año, es de aclarar que ya no son de todo las más folclóricas o las que más nos representen en cuestiones de cultura, es decir ya no son porros, currulaos, o música muy autóctona, si bien los primeros lugares casi siempre son artistas colombianos, estos ya no son para la música de nuestros ancestros.
Lo cierto es que ahora en el mar de variedad que poseemos y con la globalización de la información nos vemos supeditados a grandes cambios en los géneros ya establecidos, por lo que no faltaran nuevas mezclas y nuevos ritmos en las navidades venideras.





