Una corriente impasible y oscura, como un destino no escrito, tragó el pasado fin de semana a Breiner Augusto Zamora Amézquita, un joven de tan solo 21 años. El hecho ocurrió en el río Caguán, en el municipio de Florencia, Caquetá, y mantiene en vilo a una familia, una comunidad y a los cuerpos de rescate que desafían la furia creciente del afluente.
Trabajo
Breiner trabajaba en las llamadas ‘marraneras’, un modesto negocio de cría y venta de cerdos, ubicado en el barrio El Jardín, justo a orillas del caudaloso río. Era un día común, con el calor habitual y el sonido rítmico del agua. Pero algo llamó su atención: un recipiente plástico, liviano, flotaba a la deriva, empujado por la corriente. Sin pensarlo dos veces, el joven se lanzó al agua, con la idea de recuperarlo.
Misterio
Testigos aseguran que nadaba con dirección al muelle flotante en la otra orilla, pero justo antes de llegar, su figura desapareció sin dejar rastro. Una sombra de incertidumbre cubre el hecho. Algunos creen que fue el cansancio, otros, que fue víctima de una complicación física repentina. Sin embargo, una versión más escalofriante ha empezado a correr entre quienes conocen bien al río: una anguila eléctrica, conocida en la región como «temblón», habría sido la causante de su desaparición.
Criatura
Según un pescador local, estos peces habitan en gran número el Caguán y no es raro que ataquen con descargas de hasta 600 voltios, capaces de paralizar a un adulto en el agua. “He visto a hombres fuertes caer por una de esas descargas. Si uno no está prevenido, no hay nada qué hacer”, comentó. La teoría toma fuerza por la repentina forma en que Breiner se hundió.
Búsqueda
La familia Zamora clama por ayuda entre lágrimas, esperando que los organismos de socorro puedan encontrar a su ser querido. Pero la noche cae rápido en el sur del país y el Caguán se convierte en una amenaza mayor: crece sin aviso, y sus aguas turbias y violentas ocultan más de lo que revelan.
Esperanza
La comunidad se ha unido en la búsqueda. Con linternas, canoas y oraciones, recorren las riberas. En el silencio del río, cada ola parece traer un susurro: el clamor de una madre, el grito de un hermano, la súplica de un pueblo que no quiere otra tragedia sin cierre.



