Un paso hacia una mejor sociedad

Diego Jaramillo Salgado

Diego Jaramillo SalgadoDiego Jaramillo Salgado

El cambio de gobierno trajo consigo un torrente de esperanzas, de ilusiones. Una especie de “bálsamo para los grandes males”, como diría la canción. Tantos que lograr la solución de algunos de ellos sería abrir espacios hacia la construcción de una nueva sociedad. Más de 200 años sometidos al control político de las elites y clases dominantes introdujo solo algunos avances de lo que la humanidad había logrado en el acceso a la justicia, la equidad y la libertad. Sin embargo, con predominio de sus intereses, en detrimento de la gran mayoría de la población. Dejando un abismo entre los de arriba y los de abajo. Profundizando las desigualdades y las dificultades para acceder a una vida justa y digna. La Asamblea Nacional Constituyente de 1991, y su resultado: la Constitución, y los acuerdos de la Habana establecieron mojones cimentadores de la opción de una sociedad mejor que la actual. Fortalecidos con la formación de una conciencia social hecha a pulso en la movilización social, la protesta, la huelga, el paro, la minga. Es decir, una ciudadanía formada colectivamente y no exclusivamente en la escuela, como lo preconizaba la ilustración liberal que dio origen a la Democracia burguesa. Quizá el término “caminar la palabra” de los indígenas del Cauca sintetiza con acierto esa dinámica. Pues, ante gobiernos autoritarios o que simplemente se escuchaban a sí mismos, la palabra indica tradicionalmente el compromiso que asumen entre sí los seres humanos. A la vez, es el medio de comunicar los saberes y conocimientos aprendidos en la escuela y en la vida. Limitado, si no se convierte en forma de presión para obtener aquello que dignifica: Es decir, caminar, movilizarse, hacerse sentir, para que quien manda obedezca a quienes son su sustento en el poder.