195 años de Unicauca

Por Diego Jaramillo Salgado

Todo cumpleaños es una especie de ritual institucional o personal. Así hayan pasado muchos años, como en el caso de Unicauca, la alegría del presente por mantenerse vigente y por los logros adquiridos, la hace plantearse qué tanto puede sostener para asegurar su futuro. Casi dos centurias obligan a tener en cuenta que le fue inevitable ser una institución confesional, elitista y racista; correspondiente con la hegemonía cultural de la región. Hasta Alvaro Pío Valencia, miembro de un clan familiar con tanto peso local y nacional, no pudo mantenerse en la decanatura de derecho, en 1948, por la presión de la Iglesia Católica para inadmitir a un socialista en ese espacio académico. Solo hasta la Constitución de 1991 se abrió paso el reconocimiento de pueblos indígenas y negros como parte de su entorno cultural y social. (La Gobernación los incluyó en su himno a partir de 1995). Iniciando esa década, el rector Hernán Otoniel Fernández planteó, por primera vez, la necesidad de articular la Universidad al medio regional. Con un proyecto novedoso de hacerlo a partir de una discusión conjunta con las instituciones y organizaciones de las localidades en donde fuera a tener presencia. Lo inició en Bolívar con profesores de todas las áreas académicas. Su abrupta salida y una mayor politización de la institución hicieron que solo quedara un primer envión. Luego, se reduciría a ofrecer programas; en parte cofinanciados por sus alumnos.Su carácter público la obliga a abrir espacios a sectores económicos de estratos bajos. Limitado, si tenemos en cuenta la mediocre calidad de la educación secundaria en la región; lo cual la hace accesible a estudiantes de otros lugares de mejor posición económica con mejores resultados en las pruebas acreditadas para matricularse. Su función también la obliga a ser espacio de producción y reproducción de conocimientos. Para ello la investigación es factor principal, respaldada por profesores de planta. Efectuada por muchos de ellos más por interés personal que institucional. Ambas en franco deterioro en los indicadores acreditados para ello. No extraño si se tiene en cuenta su adscripción a las predominantes dinámicas neoliberales en la educación y a concesiones de sus directivas para adoptarlas, durante este siglo. La lucha social del Cauca, como la que más en el país, de indígenas, campesinos, negros, estudiantes, destechados, docentes y mujeres, ejerce presión sobre el principal centro universitario local. Eso hace prever que tendencias y prácticas positivas en su interior, y el interés del gobierno del Pacto histórico por priorizar este sector, den paso a un fortalecimiento de lo mejor que ella ha dado, y a ser eco del importante liderazgo social acumulado en esta región.