Dolor sin anuncio

Por: Laura Cabanzo

El abandono no siempre se manifiesta en crisis visibles. A veces se expresa en la ausencia prolongada de soluciones. En el Cauca profundo, el abandono se siente en lo que nunca llegó: servicios básicos incompletos, proyectos inconclusos y promesas reiteradas.

Este abandono es acumulativo. No ocurre de un día para otro, sino a lo largo de décadas. Cada retraso, cada omisión y cada decisión postergada se suma a una sensación colectiva de olvido.

El impacto no es solo material. También es emocional. Vivir en un territorio donde las necesidades básicas no son prioridad genera frustración, resignación y pérdida de confianza en el futuro.

Lo más preocupante es que este abandono se normaliza. Se vuelve parte del relato local. Se aprende a no exigir demasiado porque “siempre ha sido así”.

Pero el abandono, aunque no haga ruido, duele. Y ese dolor también es una forma de violencia que rara vez se reconoce como tal.