La confrontación económica entre Cuba y Estados Unidos volvió a ocupar un espacio destacado en Naciones Unidas. En septiembre de 2026, el Gobierno cubano llevó nuevamente ante la Asamblea General de la ONU sus críticas contra el embargo económico, comercial y financiero estadounidense, al tiempo que denunció un endurecimiento de las medidas aplicadas por Washington durante los últimos meses.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, sostuvo ante la Asamblea General que las nuevas restricciones están agravando las dificultades económicas y energéticas que atraviesa la isla. La Habana asegura que las medidas estadounidenses afectan directamente el comercio exterior, el acceso a combustibles, las inversiones y la llegada de bienes esenciales.
La denuncia ocurre en un momento particularmente delicado para Cuba. El país atraviesa una prolongada crisis económica, problemas de abastecimiento energético, dificultades para importar determinados productos y un deterioro de servicios básicos. Al mismo tiempo, el Gobierno cubano afirma estar implementando reformas económicas para intentar aumentar la actividad productiva y descentralizar determinados sectores.
La discusión, sin embargo, no se limita a la posición de Cuba. Estados Unidos sostiene que sus sanciones buscan ejercer presión sobre el Gobierno cubano por cuestiones relacionadas con derechos humanos, seguridad nacional, corrupción y la estructura política de la isla. Por ello, para comprender la controversia es necesario revisar tanto las nuevas medidas estadounidenses como sus efectos económicos y el debate internacional sobre el embargo.
Cuba vuelve a denunciar las sanciones ante Naciones Unidas
El tema del embargo estadounidense contra Cuba forma parte de la agenda de la Asamblea General de Naciones Unidas desde hace décadas. En 2026, la Asamblea volvió a abrir el debate sobre la necesidad de poner fin al embargo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos.
La documentación oficial de Naciones Unidas muestra que el debate fue reabierto en julio de 2026 y continuó durante septiembre. El asunto corresponde al punto 38 de la agenda de la Asamblea General.
En su intervención, el Gobierno cubano denunció que durante 2026 se han intensificado las restricciones relacionadas con las operaciones comerciales y financieras de la isla.
Rodríguez también sostuvo que las medidas tienen consecuencias sobre el suministro de combustible, la generación eléctrica y la llegada de bienes esenciales. En declaraciones recogidas durante las sesiones de Naciones Unidas, representantes cubanos señalaron que la escasez de combustible y las dificultades para adquirir determinados productos están contribuyendo al deterioro de las condiciones económicas y sociales.
La posición cubana sostiene que las sanciones no solamente afectan al Gobierno, sino también a empresas, bancos, comerciantes y ciudadanos que necesitan realizar operaciones internacionales.
¿Qué sanciones mantiene Estados Unidos contra Cuba?
El embargo estadounidense contra Cuba tiene sus raíces en la década de 1960 y comprende un conjunto de restricciones económicas, comerciales y financieras que se han mantenido y modificado durante diferentes administraciones estadounidenses.
En 2026, la política volvió a endurecerse.
El 1 de mayo de 2026, el Gobierno de Donald Trump anunció nuevas sanciones contra funcionarios y entidades cubanas. La Casa Blanca explicó que las medidas estaban dirigidas contra personas y organizaciones vinculadas, según la administración estadounidense, con la estructura de seguridad del Gobierno cubano, corrupción y violaciones de derechos humanos.
Además, en enero de 2026 Washington estableció un mecanismo que permite imponer aranceles adicionales a productos procedentes de países que suministren petróleo a Cuba. La medida busca presionar a terceros países para que reduzcan o interrumpan determinadas operaciones relacionadas con el suministro energético a la isla.
Esta última política es especialmente relevante porque Cuba depende de importaciones de combustible para mantener una parte importante de su sistema energético.
Nuevas medidas aumentan la presión sobre el comercio cubano
Durante 2026, Estados Unidos también amplió las sanciones contra empresas y personas vinculadas con diferentes sectores de la economía cubana.
Según un recuento publicado por EFE en agosto, desde mayo Washington había aplicado nueve rondas de sanciones que incluían a 31 personas y 49 empresas. Las medidas afectaron ámbitos relacionados con defensa, comercio exterior, turismo y otras actividades económicas.
En septiembre se produjeron nuevas sanciones.
EFE informó el 18 de septiembre que Estados Unidos anunció medidas contra ocho empresas cubanas relacionadas con la explotación de minerales y el desarrollo militar, además de tres de sus directivos. El canciller cubano rechazó las medidas y afirmó que formaban parte de una política de máxima presión económica.
El Gobierno estadounidense, por su parte, sostiene que las sanciones forman parte de una estrategia para presionar al Gobierno cubano y proteger los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. La Casa Blanca ha señalado expresamente que su política busca responsabilizar a funcionarios y entidades que considera vinculados con represión, corrupción o amenazas contra los intereses estadounidenses.
El petróleo se convirtió en uno de los principales puntos de tensión
Uno de los elementos más importantes de la actual disputa es el acceso de Cuba al combustible.
La economía cubana necesita importar combustibles para generar electricidad, transportar mercancías, mantener servicios públicos y sostener diferentes actividades productivas.
El endurecimiento de las medidas estadounidenses sobre los países que suministran petróleo a Cuba ha aumentado la presión sobre esa cadena de abastecimiento. La Casa Blanca estableció en enero un mecanismo mediante el cual determinados países que suministren petróleo a Cuba pueden enfrentar aranceles adicionales sobre sus productos que ingresen a Estados Unidos.
Para Cuba, esto representa un problema adicional porque no solamente debe conseguir el combustible, sino encontrar proveedores dispuestos a asumir los riesgos financieros y comerciales asociados con las sanciones estadounidenses.
En septiembre, el canciller cubano afirmó que la crisis energética se había agravado y relacionó el aumento de los apagones con las dificultades para conseguir combustible. EFE reportó que la economía cubana cayó un 5 % en 2025 y que durante 2026 los apagones diarios habían llegado a superar las 20 horas consecutivas en determinados momentos. La misma agencia señaló que la crisis energética también tiene causas internas, por lo que no puede atribuirse exclusivamente a las sanciones estadounidenses.
Esta última precisión es importante: las dificultades económicas de Cuba tienen múltiples causas, entre ellas problemas internos de productividad, falta de divisas, deterioro de infraestructura, escasez de combustible y dificultades para acceder a financiamiento, además del embargo estadounidense.
Cuba calcula pérdidas de miles de millones de dólares
El Gobierno cubano sostiene que el embargo ha generado enormes pérdidas económicas durante décadas.
De acuerdo con las cifras presentadas por el canciller Bruno Rodríguez en septiembre de 2026, Cuba calculó en 8.083,3 millones de dólares el costo del embargo entre marzo de 2025 y febrero de 2026. Según el Gobierno cubano, esta cifra representó un aumento del 7 % respecto al periodo anterior. El acumulado desde el comienzo del embargo, calculado por las autoridades cubanas a precios corrientes, superaría los 178.700 millones de dólares.
Estas cifras corresponden a estimaciones del Gobierno cubano y, por tanto, deben presentarse como tales.
El dato permite dimensionar la magnitud que La Habana atribuye a las restricciones, aunque no significa que todas las dificultades económicas de la isla sean consecuencia directa del embargo.
¿Qué efectos económicos tienen las sanciones?
Las sanciones económicas pueden afectar a un país por diferentes vías. En el caso cubano, una de las principales dificultades está relacionada con las operaciones financieras internacionales.
Cuando un banco, empresa naviera, proveedor o inversionista considera que una operación con Cuba puede generar riesgos de sanciones estadounidenses, puede decidir no participar en ella.
Esto puede producir un efecto que va más allá de la relación directa entre Estados Unidos y Cuba.
Por ejemplo, una empresa de un tercer país puede estar interesada en vender maquinaria a Cuba, pero si necesita utilizar un banco internacional que mantiene operaciones en Estados Unidos, podría enfrentar dificultades para procesar el pago. El resultado puede ser que la empresa decida no realizar la operación.
Este tipo de efectos extraterritoriales es uno de los principales argumentos utilizados por Cuba para denunciar el embargo ante Naciones Unidas.
Impacto sobre alimentos, medicinas y equipos
Las restricciones también pueden incrementar los costos y dificultades para conseguir determinados productos.
Cuba importa una parte importante de los bienes que necesita para mantener su economía y sus servicios. Cuando se dificulta el acceso a proveedores, financiamiento, transporte o sistemas de pago internacionales, adquirir esos productos puede hacerse más costoso.
El propio sistema de Naciones Unidas ha recopilado información sobre las dificultades que el embargo puede generar en sectores como energía, transporte, comunicaciones y salud. Un documento de la ONU señala que las restricciones pueden dificultar la adquisición de determinados equipos médicos, componentes, productos farmacéuticos y químicos.
En septiembre, el canciller cubano afirmó además que alrededor de 7.000 contenedores permanecían detenidos en distintos puertos del mundo y que la mayoría contenía alimentos, medicamentos y dispositivos médicos. Esta cifra corresponde a una denuncia del Gobierno cubano y no constituye por sí misma una verificación independiente de Naciones Unidas.
El problema energético termina afectando a toda la economía
Los problemas de combustible y electricidad tienen consecuencias que van mucho más allá de los hogares.
Una fábrica necesita electricidad para producir. Una empresa de alimentos necesita refrigeración. Los hospitales requieren energía constante. Los sistemas de transporte dependen de combustibles. Los comercios necesitan electricidad para conservar determinados productos.
Cuando existen apagones prolongados, la actividad económica puede reducirse.
Además, una menor producción significa menos bienes disponibles en el mercado. Si la oferta disminuye mientras las necesidades de la población permanecen, pueden aumentar los precios y aparecer mayores problemas de abastecimiento.
Por esa razón, la crisis energética cubana tiene una dimensión económica amplia.
Cuba también enfrenta problemas internos
Aunque el Gobierno cubano atribuye una parte importante de la crisis al embargo, existen otros factores que deben tenerse en cuenta.
La economía cubana arrastra problemas estructurales relacionados con la productividad, la inversión, la infraestructura, la disponibilidad de divisas y el funcionamiento de sus empresas estatales.
Además, el turismo —una de las principales fuentes de ingresos externos de la isla— continúa enfrentando dificultades.
EFE informó que la economía cubana cayó un 5 % durante 2025, con lo que acumuló tres años consecutivos de contracción.
Esto significa que atribuir toda la crisis exclusivamente a las sanciones estadounidenses sería una simplificación. Al mismo tiempo, tampoco puede ignorarse que las restricciones comerciales y financieras representan una dificultad adicional para un país que necesita importar combustible, alimentos, medicamentos, maquinaria y otros bienes.
La Habana asegura que está aplicando reformas económicas
Otro elemento importante del contexto actual es que Cuba está intentando modificar algunos aspectos de su economía.
El canciller Rodríguez afirmó ante Naciones Unidas que el país está implementando 176 reformas económicas aprobadas en junio de 2026, destinadas, entre otros objetivos, a liberalizar y descentralizar determinadas actividades económicas.
El Gobierno cubano sostiene que esas reformas buscan aumentar la actividad económica sin abandonar su modelo socialista.
Sin embargo, representantes cubanos también argumentan que la presión estadounidense dificulta la implementación de esos cambios porque limita la capacidad de atraer inversiones, conseguir financiamiento y establecer relaciones comerciales.
Estados Unidos defiende su política de presión
La posición de Washington es diferente.
La Casa Blanca afirma que las sanciones no tienen como objetivo perjudicar indiscriminadamente a la población cubana, sino presionar a funcionarios y entidades que considera responsables de represión, corrupción y otras acciones contrarias a los intereses estadounidenses.
El Gobierno de Estados Unidos también sostiene que las medidas forman parte de una política más amplia destinada a promover cambios políticos y económicos en Cuba.
Por ello, el debate internacional enfrenta dos interpretaciones distintas: La Habana considera que las sanciones constituyen una forma de presión económica que termina afectando principalmente a la población, mientras Washington las presenta como instrumentos para ejercer presión sobre las autoridades cubanas.
¿Qué ha dicho Naciones Unidas sobre el embargo?
La Asamblea General de Naciones Unidas ha aprobado durante décadas resoluciones que solicitan el fin del embargo estadounidense contra Cuba.
La votación más reciente registrada antes del actual debate, realizada el 29 de octubre de 2025, terminó con 165 votos a favor, siete en contra y 12 abstenciones. La resolución fue aprobada como la resolución 80/4.
Es importante señalar que las resoluciones de la Asamblea General sobre este asunto constituyen una expresión de la posición mayoritaria de los Estados miembros, pero no tienen el mismo carácter vinculante que una decisión del Consejo de Seguridad adoptada bajo determinadas disposiciones de la Carta de Naciones Unidas.
En 2026, la Asamblea General volvió a debatir el asunto. La documentación oficial de Naciones Unidas confirma que el punto relativo al embargo fue reabierto en julio y continuó siendo discutido durante septiembre.
La disputa llega en un momento de máxima tensión diplomática
La controversia se intensificó todavía más después del discurso del presidente estadounidense Donald Trump ante la Asamblea General el 22 de septiembre de 2026.
Trump defendió públicamente su política hacia Cuba y afirmó que su Gobierno estaba ejerciendo una presión particularmente fuerte sobre las autoridades de la isla. La delegación cubana abandonó posteriormente la sala durante su intervención en señal de protesta.
El episodio reflejó que las diferencias entre Washington y La Habana no se limitan actualmente al comercio.
También involucran cuestiones políticas, derechos humanos, seguridad, relaciones regionales y el modelo económico cubano.
¿Por qué las sanciones pueden terminar afectando a la economía de un país?
Las sanciones buscan generar presión mediante restricciones económicas. El problema es que las economías no funcionan como compartimentos aislados.
Cuando se limita el acceso a financiamiento, combustible, tecnología o proveedores internacionales, las empresas pueden tener mayores costos.
Si una fábrica no puede conseguir una pieza de maquinaria, puede reducir su producción.
Si una compañía de transporte no consigue combustible, puede disminuir sus operaciones.
Si un hospital tiene dificultades para adquirir determinados equipos, puede enfrentar problemas para prestar algunos servicios.
Y si una economía produce menos, también puede generar menos ingresos, menos empleo y menos recursos fiscales.
Esto no significa que las sanciones sean la única causa de una crisis económica, pero sí explica por qué pueden profundizar problemas que ya existían.
¿Qué tiene que ver esto con Colombia y la compra de productos nacionales?
Aunque el caso cubano es diferente al colombiano, el debate permite entender una cuestión económica importante: un país necesita mantener relaciones comerciales con el exterior, pero también necesita desarrollar su propia capacidad productiva.
No todas las importaciones son perjudiciales.
De hecho, importar puede ser indispensable cuando un producto, una tecnología, una materia prima o una maquinaria no se produce suficientemente dentro del país.
El problema aparece cuando productos que Colombia tiene capacidad de producir competitivamente son sustituidos de manera sistemática por bienes extranjeros sin que exista una estrategia para fortalecer la producción nacional.
Comprar productos colombianos mantiene parte del dinero dentro de la economía
Cuando un consumidor colombiano compra un producto fabricado en Colombia, una parte importante del dinero puede circular entre empresas, trabajadores, transportadores, agricultores y comerciantes nacionales.
Por ejemplo, comprar alimentos producidos por agricultores colombianos genera ingresos para quienes participaron en su producción y comercialización.
Ese dinero puede posteriormente utilizarse para pagar salarios, comprar insumos, contratar transporte o adquirir otros bienes y servicios.
Cuando se compra un producto importado, una parte importante del valor pagado sale del país para remunerar al productor extranjero.
Esto no significa que todo el dinero de una importación abandone Colombia —el producto también genera actividad para importadores, transportadores, distribuidores y comercios nacionales—, pero sí significa que una mayor proporción del valor de producción se genera en el exterior.
Las importaciones pueden aumentar el déficit comercial
El DANE reportó que en julio de 2026 las importaciones colombianas alcanzaron US$7.968,1 millones, con un crecimiento del 22,9 % frente a julio de 2025. Las manufacturas representaron el 72,5 % del valor total importado durante ese mes.
Al mismo tiempo, Colombia registró en julio de 2026 un déficit comercial de US$2.797,8 millones, superior al déficit de US$1.694,2 millones registrado en julio de 2025.
Un déficit comercial significa que, en términos agregados, el valor de las importaciones fue superior al de las exportaciones durante ese periodo.
Esto no implica automáticamente que las importaciones sean malas. Una economía puede importar maquinaria, tecnología e insumos que posteriormente permiten producir más y exportar más.
El problema surge cuando el aumento de las importaciones está concentrado en bienes que podrían producirse competitivamente dentro del país y, al mismo tiempo, la producción nacional pierde mercado.
El Banco de la República reconoce el efecto de sustitución
El Banco de la República explica que cuando los productos importados se vuelven relativamente más baratos, una parte de la demanda que podría dirigirse hacia productos nacionales puede trasladarse hacia productos extranjeros.
Esto permite entender por qué fomentar la producción nacional puede ser relevante.
Si una empresa colombiana pierde constantemente consumidores frente a productos extranjeros, puede tener menos incentivos para invertir, contratar trabajadores o aumentar su capacidad productiva.
Por el contrario, cuando existe suficiente demanda para los productos nacionales, las empresas tienen mayores posibilidades de ampliar su producción.
Un análisis del propio Banco de la República también señala que un encarecimiento relativo de las importaciones puede generar sustitución de importaciones por producción nacional en determinados sectores.
Pero Colombia no puede dejar de importar
Aquí existe una diferencia fundamental.
Fomentar el consumo de productos colombianos no significa cerrar la economía.
Colombia necesita importar maquinaria, componentes electrónicos, determinados medicamentos, tecnologías, materias primas y bienes de capital que no produce en cantidades suficientes.
De hecho, el Banco de la República reportó que durante 2025 el crecimiento de la inversión en maquinaria y equipo estuvo acompañado por mayores importaciones de bienes de capital.
Por eso, una política económica equilibrada busca diferenciar entre:
- Importaciones necesarias para producir.
- Importaciones de tecnología y maquinaria.
- Materias primas que no se producen suficientemente en Colombia.
- Productos que Colombia sí puede fabricar competitivamente.
- Bienes cuyo consumo importado puede desplazar innecesariamente a productores nacionales.
Fortalecer la producción nacional también significa fortalecer el empleo
Cuando una empresa colombiana vende más, puede aumentar su producción.
Para hacerlo puede necesitar contratar trabajadores, comprar materias primas, utilizar servicios de transporte, contratar mantenimiento, alquilar instalaciones y adquirir maquinaria.
Así se generan encadenamientos productivos.
El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ha planteado precisamente una estrategia de fortalecimiento de la producción nacional y sustitución de importaciones en sectores donde existen capacidades que pueden ampliarse. El Gobierno señala que el objetivo incluye aprovechar la capacidad instalada y fortalecer los encadenamientos productivos que contribuyan al empleo.
Esto es especialmente relevante en sectores como alimentos, textiles, productos químicos, metalmecánica, agroindustria y manufacturas.
El desafío es producir más y mejor, no simplemente importar menos
Una estrategia de desarrollo económico no puede basarse únicamente en reducir las importaciones.
Si un producto extranjero es más barato porque una empresa colombiana tiene costos elevados, simplemente prohibir o encarecer el producto importado puede terminar aumentando los precios para los consumidores.
La alternativa más sostenible es aumentar la productividad nacional.
Eso implica mejorar infraestructura, tecnología, educación, acceso al crédito, logística, investigación y desarrollo, capacitación laboral y condiciones para que las empresas puedan competir.
El objetivo sería que los consumidores tengan opciones nacionales competitivas por calidad y precio, no únicamente porque las alternativas extranjeras fueron restringidas.
Cuba y Colombia: dos situaciones diferentes, una misma lección económica
La situación cubana y la colombiana no son equivalentes.
Cuba enfrenta un embargo estadounidense de larga duración y un conjunto de sanciones que afectan sus relaciones financieras y comerciales internacionales. Colombia, por el contrario, mantiene una economía abierta al comercio internacional y participa en numerosos acuerdos comerciales.
Sin embargo, ambos casos permiten observar una misma realidad: la capacidad productiva de un país puede convertirse en un factor estratégico cuando existen dificultades para acceder a mercados, divisas, insumos o proveedores externos.
En el caso cubano, las restricciones externas han aumentado las dificultades para obtener determinados bienes y recursos.
En Colombia, el desafío es diferente: desarrollar suficiente producción nacional para que las empresas colombianas puedan competir con productos extranjeros sin necesidad de depender exclusivamente de barreras comerciales.
La importancia de no depender excesivamente del exterior
Una economía que produce internamente una parte significativa de los bienes esenciales tiene mayor margen de maniobra cuando ocurren crisis internacionales.
Pandemias, guerras, problemas logísticos, aumentos del precio del petróleo, conflictos comerciales o interrupciones en las cadenas de suministro pueden dificultar el comercio internacional.
Por eso, producir alimentos, medicamentos, energía, maquinaria, tecnología e insumos estratégicos dentro del país puede convertirse en una cuestión de seguridad económica.
Pero esto debe combinarse con comercio internacional.
Ningún país produce eficientemente todos los bienes que consume.
La clave está en encontrar un equilibrio entre aprovechar las ventajas del comercio internacional y desarrollar capacidades productivas nacionales suficientes para evitar dependencias excesivas.
Una disputa económica que continúa
La denuncia de Cuba ante Naciones Unidas se produce mientras Washington mantiene una política de presión económica que la Casa Blanca justifica por razones de seguridad nacional, derechos humanos y presión sobre las autoridades cubanas.
La Habana, por su parte, sostiene que las sanciones agravan una crisis económica y energética que afecta directamente a la población y reclama el levantamiento del embargo.
La Asamblea General de Naciones Unidas mantiene el tema dentro de su agenda y ya había aprobado en 2025, por 165 votos contra 7 y 12 abstenciones, una resolución que pide poner fin al embargo.
Mientras continúa el enfrentamiento diplomático, la economía cubana enfrenta el reto de recuperar la producción, garantizar combustible y electricidad, mejorar el abastecimiento y atraer inversión.
El caso también pone sobre la mesa una discusión de alcance más amplio para países como Colombia: la apertura comercial permite acceder a productos y tecnologías del exterior, pero fortalecer la producción nacional resulta fundamental para generar empleo, mantener cadenas productivas internas y reducir vulnerabilidades ante posibles interrupciones del comercio internacional.
En Colombia, los datos más recientes del DANE muestran un fuerte crecimiento de las importaciones y un aumento del déficit comercial en julio de 2026. Por ello, el debate no debería reducirse a “importar es malo” o “producir nacionalmente siempre es mejor”, sino a determinar qué bienes conviene producir en el país, cuáles es necesario importar y cómo conseguir que las empresas colombianas sean suficientemente productivas y competitivas para ganar participación tanto en el mercado interno como en los mercados internacionales.





