Hay que reconocer la reacción oportuna de la Policía en la ciudad de Popayán, que logró impedir el atentado con explosivos que iba a ser perpetrado contra la Estación de Policía del parque Mosquera de Popayán, pero sobre todo debemos agradecer la llamada anónima que les advirtió de la llegada de un vehículo cargado con dos cilindros de gas con barras de Indugel. Éste es un explosivo sensible al detonador con baja sensibilidad al roce y al impacto. La persona que por el motivo que fuera, se enteró de las intenciones criminales y decidió llamar a la Policía resultó un auténtico ángel de la guarda, pues de haber detonado habría puesto en riesgo muchas vidas y ocasionado cuantiosos daños materiales. Especialistas advierten que el material incautado tenía un poder de causar daños en un radio de 800 metros.
Estamos viviendo unos tiempos muy complicados en el país en general y el Cauca en particular, por cuenta del deterioro del orden público y la reconfiguración de los actores del conflicto armado, que durante este Gobierno que le dio la espalda a los acuerdos de paz, se han fortalecido alrededor del multimillonario negocio del narcotráfico.
Hemos visto en otras regiones del país como organizaciones criminales como el Clan del Golfo, con gran capacidad de hacer daño, adelantan paros armados y atentados directos contra miembros de la fuerza pública en retaliación por los golpes que estas les han propinado. Aquí en la Cauca podríamos estar viviendo una situación similar, y lo del intento fallido de atentado del anterior viernes podría ser el principio de una reacción de las organizaciones criminales que operan en este departamento y que en estos días han sido afectadas por operativos y capturas de algunos cabecillas importantes. Es por esos que destacamos la importancia de la colaboración ciudadana para respaldar a nuestra fuerza pública. A veces exigimos al Ejército y la Policía que produzcan resultados y que nos garanticen la seguridad, pero olvidamos que nosotros como ciudadanos también tenemos que ayudar. En este sentido las fuerzas militares y de policía deben fundarse en un modelo democrático, que garantice la seguridad pública, frene la criminalidad desde la prevención del delito y no desde la persecución de los criminales y construya confianza en la ciudadanía hacia la institución policial y militar. Es clave, también, estimular los mecanismos de divulgación y atención ciudadana en conjunción con el conocimiento que la policía tiene de los problemas regionales y locales. Es importante construir redes comunitarias que puedan constituirse como un capital humano en favor de la seguridad y la diminución de los delitos.





