Desde un tiempo para acá, algunos integrantes de entidades oficiales o privadas han dedicado sus propósitos a perseguir los cultos católicos, establecidos hace muchas décadas. Han corrido varios años, y en la Corte Suprema de Justicia, Corporación de sumo respeto, por las funciones que cumple; pocos de sus miembros, tuvieron la descabellada idea de retirar el Cristo que se encuentra suspendido en uno de los salones. Sobre este asunto escribí en el diario “ El Nuevo Liberal”, y lo titulé El Cristo de la Pared; lo voy a publicar nuevamente, por eso, no hago alusión a él. En cuanto al retiro del Cristo, la aspiración no prosperó, hubo votación y ganaron los que tenían que ganar, y la imagen seguirá en su sitio; no podía ser de otra manera.
Otro caso reciente, ocurrió con funcionarios del aeropuerto “El Dorado” de Bogotá. Solicitaron que el Oratorio, que se encuentra ubicado, en un lugar destinado para que los viajeros pidan al Todopoderoso que los libre de accidentes en los diferentes vuelos, sea ocupado para otra función. A nadie le hace daño, ni incomoda el recinto; por el contrario los pasajeros católicos, encuentran donde orar; los no católicos, que pasen de largo; pero que a la hora de un percance no se den golpes de pecho ni recurran al lugar. No sé, en qué terminó este izquierdoso anhelo. Supongo, debe haber prevalecido la razón de los pensantes y que el Oratorio siga en su sitio, como lugar de oración.
Y lo que faltaba. Un miembro del Congreso, también quiso destacarse y brillar con luz propia. Parece que no ha brillado con positivos proyectos de ley; pero sí quiere sobresalir con un despropósito; como es el de solicitar que no siga cumpliendo su función piadosa la Capilla del Congreso. Pide su retiro. Los congresistas son elegidos por el pueblo colombiano y Colombia es un país mayoritariamente católico, y por consiguiente espera que sus escogidos propongan algo benéfico para su lugar de origen, que traiga progreso. En el Congreso, hay mucho por hacer, hágalo. No se vaya en contra de la Religión Católica; no le perjudica, más bien le trae inteligencia y buen juicio. No estamos, ni en la China ni en Nicaragua. Allá si lo puede hacer. A algunos, se les suben los títulos, se ufanan de que los llamen “Honorables”, y a muchos les queda grande este honor; otros sí lo merecen, son honestos y sin duda, católicos convencidos. No se entretenga con cosas baladíes; piense en grande.





