El Cristo de la Pared (2ª Parte)

Jesús Arcos SolanoJesús Arcos Solano

Don Pedro, con tono grave y severo, admite al testigo, aunque dice, que para tales testigos, sólo Dios puede ser juez.
Al caer el sol, el tribunal se trasladará ante el Cristo de la Vega para tomarle declaración. Efectivamente, al atardecer, el tribunal, seguido por la curiosidad de todo el pueblo de Toledo, se traslada hasta el sitio que ocupa la sagrada imagen, y una vez ante ella, se adelanta un notario y pronuncia las palabras rituales: “Jesús, hijo de María, citado como testigo ante este tribunal por Inés de Vargas, ¿juras ser cierto, que ante ti, dio Diego Martínez a Inés palabra de casamiento? Y entonces entre el espanto y la admiración general, se oyó una voz sobrehumana que dijo: “Si juro”.
Y todos pudieron ver, como el Cristo, la boca entre abierta; posó una de sus manos, desclavada de la cruz, sobre los autos del proceso para formalizar de este modo el juramento.
Inés y Diego, renunciaron allí mismo a las vanidades del mundo; todos los presentes firmaron como testigos del prodigio y Don Pedro mandó hacer un altar para la imagen de Cristo, que todavía hoy, desclava una vez al año, su mano de la cruz para seguir dando fe del milagro.”
Podemos concluir, que Inés de Vargas, presentó el mejor testigo que un ser humano pudo encontrar, y a la vez es el mejor juez, el que imparte justicia imparcial, sin intereses personales. Ojalá que su presencia, aunque sea como un Cristo en la pared, haga que la corrupción que invade nuestro país desaparezca y que sea la honradez la que ilumine los estrados oficiales. Si no hay justicia, no puede haber paz.
Como complemento, traigo a colación, lo que hace poco se habló; sobre un oratorio que se encuentra en el aeropuerto El Dorado de Bogotá; el cual se pretendía retirar del lugar; cuando ve que los viajeros piadosos, acuden donde el Todopoderoso para pedirle buen vuelo, tanto al inicio como al final y rezan sus oraciones para agradecerle su intercesión. No sé, en qué situación quedó este suceso; ojalá no haya prosperado y el oratorio siga en su lugar.