El asedio de las fieras
Si uno ya no puede dar una vuelta tranquilamente por el Parque Caldas y sus alrededores, sin el temor a que de cualquier rincón te salga un malandro con un ‘mataganado’, entonces ya la batalla está perdida. Es mejor encerrarse en casa al caer las primeras sombras de la noche, como si fuéramos aquellos seres primitivos que buscaban el cobijo de las cavernas, el fuego y la manada, ante el asedio de las fieras en medio de las sombras.
Mataganado en el Caldas
¿Si no hay seguridad en pleno Centro Histórico, dónde la habrá? La inseguridad no solo arrincona al ciudadano; le impide el disfrute de los espacios públicos, de alguna manera ‘le roba la ciudad’ y sobre todo condiciona su tiempo, su estilo de vida y su visión del mundo.
Las grandes superficies comerciales le ofrecen una especie de domo, una nube, un castillo, un mundo aparte, una pequeña ciudad en medio de otra, donde puede ‘vivir’ sin miedo. A cambio debe consumir, debe comprar, es decir debe pagar un precio.
La tecnología y la sociedad de la información también le ofrecen un refugio; a quién le va a interesar salir a la calle fría e inhóspita, si en casa está la TV, el internet, las redes sociales, si hay una vida social, un mundo artificial.
Los efectos cotidianos de la violencia y de la criminalidad tienen dos sentidos: en primer lugar, por la comunidad y sus miembros, sea bajo la forma de eventos concretos, o sea a través de la “sensación de inseguridad”. Esta sensación de inseguridad desarrolla expresiones concretas emocionales, siendo algunas de las más importantes el miedo, la angustia, la ansiedad y otras más que desencadenan trastornos de personalidad específicos.
A recuperar la ciudad
La Alcaldía, debe dejarse de eufemismos y engaños y aceptar que la ciudad es insegura, y debe proponerse ofrecer espacios seguros. Si por falta de recursos y por el deterioro social es imposible garantizar la seguridad ciudadana en su conjunto, al menos debe ofrecer ciertos espacios para las familias, en donde la gente empiece a recuperar ‘su vida’ natural. Y en nuestro caso, el parque Caldas debe ser ese primer punto de partida.

