Jesús Arcos Solano
El mundo se debate entre las guerras fratricidas y las muertes de inocentes; pero parece que a los gobernantes poco les importa esta hecatombe de sucesos, nos duele a los colombianos la situación de Rusia y Ucrania y de las dos Coreas; ojalá, que con la ayuda de Dios, todo se normalice, haya reconciliación y sea el diálogo el camino a seguir. La vida de Colombia no es nada buena. La descomposición social, como que está llegando a su límite. Lo que se ve por la T.V., relacionado con la inseguridad de Bogotá es impresionante. Los robos en los barrios, en las casas, negocios es desesperante; La gente que puede, está cambiando de domicilio. La ola de saqueos con la secuela de lesionados y muertos es intolerable. Se le salió de las manos a las autoridades. Cosa similar ocurre en otras ciudades del País. En Popayán, que considerábamos, como el mejor vividero del mundo, ya no lo sentimos así. Los que tuvimos el privilegio de vivir en la ciudad en épocas pretéritas, añoramos esos tiempos. Todos nos conocíamos, nos saludábamos de mano o de abrazo, conversábamos en las esquinas, en el parque, en los tertuliaderos; Todo era grato. Ahora, hay que estar prevenidos porque la inseguridad tocó fondo. Los robos a mano armada son el pan de cada día. No se sabe a qué atribuir lo que ocurre. Antes nos conocíamos entre todos; ahora vemos otras personas. Nos preguntamos ¿Qué pasó en Popayán, por qué se copó de gente rara? Los semáforos se llenaron de personas pidiendo dinero, si no se les da se tornan agresivas y amenazantes. Hay mujeres con niños de brazos, que no se sabe si son de ellas o prestados para la mendicidad; pues el negocio existe. Algunas mujeres, quedaron abandonadas con un niño, sin saber qué hacer. De ellas, se puede decir, lo que se lee en la poesía “Las Abandonadas” de Julio Sesto: ¡Cómo me dan pena las abandonadas, que amaron creyendo ser también amadas, y van por la vida llorando un cariño, recordando un hombre y arrastrando un niño! De sus hondas cuitas, ni el Señor se apiada, porque de estas cosas Dios no sabe nada, Marchan con los ojos fijos en el suelo, cansadas en vano de mirar al cielo. Hay preguntas que nos formulamos: ¿se perdió la autoridad de los padres en los hogares? ¿qué pasó con la disciplina y el orden en los colegios? ¿Los profesores cumplen con sus obligaciones atinentes a su misión? ¿Ya no hay quien quién mande ni quién obedezca? Se hace imperativo, que padres de familia, profesores y sociedad en general, examinemos nuestro proceder y actuemos, antes de que el mal avance. ¡Que el niño Dios nos traiga Paz!





