Los puerta a puerta

Los puerta a puerta

Ojo con las casas; no hay que dejarlas solas, no hay que abrir a nadie desconocido, por mucho que pregunten con nombre y apellido por alguno de los residentes, y por mucho que sea una mujer con cara de perro apaleado. Así operan bandas como ‘Los puerta a puerta’ una bandita de avivatos especializada en el hurto a residencias en la ciudad de Popayán. Mandaban por delante a una mujer, con semblante amable, de las que no despiertan sospechas, de las que inspiran el dicho aquel de ‘caras vemos, corazones no sabemos’

Inteligencia

Y claro, como ya tenían hecho un estudio de inteligencia previo, en el que averiguan con pelos y señales los nombres y ocupaciones de los incautos, se ganan la confianza de la gente, de la abuela, de la señora del servicio que finalmente les abre la puerta. Entonces cuando alias ‘Claudia’ o alias ‘Yazmin’, ya han roto el primer filtro, entonces hacían su aparición, los ‘Yeferson’ o los ‘Gafas’, estos ya sin ningún decoro, protocolo o amabilidad, entraban golpeaban, amenazaban y ya todo estaba consumado.
Si te llaman por tu nombre

Hay que desconfiar de la gente que te llama por tu nombre en la calle y que no te suena su cara. A veces es la memoria que ya cojea, pero a veces es el preludio de un engaño. Tengan en cuenta que hoy en día es muy fácil averiguar datos personales de la gente sin despeinarse, con un clic, con una breve inspección a las redes sociales.

Bocadillo
Y esa información es un bocadillo para los delincuentes que con eso pueden hacer bellezas. Lastimosamente el mundo está así, y es la manera de defenderse, de adaptarse en un mundo que está patas arriba, donde la injusticia y la impunidad son los lugares comunes.
Estos son apenas consejillos para ponerlos en práctica en el día a día y evitar malos ratos. Pequeños tics que si se usan con regularidad se convierten en hábito y acaban por ser un seguro en contra de posbles trampas. Claro que sin excederse en su uso porque se podría caer en el otro extremo, el de poner talanqueras a todo cuando no se debe. Un justo medio para evitar la paranoia sin caer en el ingenuismo. Apertura con visor para no encerrarse cual introvertido empedernido.