Francia Márquez en helicóptero

Francia Márquez

Ahora que muchos se rasgan las vestiduras y se muestran ofendidos, porque la vicepresidenta de Colombia Francia Márquez, se sube en helicóptero, tenemos que hablar de un mal que nos corroe. Tan antiguo como la humanidad, o al menos tan viejo como la vida del ser humano en sociedad, esa es la envidia. Si le molesta que asciendan o le suban el sueldo a un compañera de trabajo, si sufre porque un colega recibe un premio, si no le gusta que los hijos de otros saquen buenas notas, o que su amiga se vista elegantemente o tenga una figura atractiva, si le inquieta que su amigo tenga una pareja de muy buen ver, el que haya ganado su partido político, el de él, gane las elecciones, si le ocurre todo o alguna de esas y otras parecidas cosas, es muy posible que usted sufra de envidia.

Los viajes de Duque

Como si nunca antes, vehículos, helicópteros, aviones, oficiales, no hubieran sido usados por funcionarios, presidentes, ministros, congresistas y politiqueros. Hasta el abuso. Recordemos no más al presidente anterior con un avión repleto de personas, incluidos familiares, de aquí para allá, recorriendo el mundo, dándose una buena vida. Pero como ahora es una negra y caucana, a muchos les escuece, les arde, sufren, no pueden dormir.

Envidia

Pero la envidia no es desear lo que tienen los demás, cosa bastante natural, sobre todo cuando uno tiene poco. Lo que más y mejor caracteriza a la verdadera envidia es el deseo de que el otro, el envidiado, no tenga lo que tiene. La verdadera envidia se centra imaginativamente en el otro, en el envidiado, más que en uno mismo.
El envidiado, por su parte, muchas veces ni se entera de que lo es, siendo el envidioso el que verdaderamente sufre. La envidia puede ser más dañina cuando es el superior quien envidia al inferior, una envidia que puede agravarse cuando el inferior es más joven, más inteligente, o más atractivo. Envidias de ese tipo se dan especialmente en el trabajo y en todas las relaciones sociales jerarquizadas

El enemigo

La proximidad puede ser también un factor altamente potenciador de la envidia. Se ha dicho, no sin falta de razón, que la envidia del amigo puede ser peor que el odio enemigo.

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