Un esfuerzo masivo se llevó a cabo durante la década siguiente para reconstruir y restaurar la ciudad y permitirle recuperar el esplendor y la belleza de su arquitectura colonial.
La ayuda extranjera no se hizo esperar, estos se fueron organizando de tal forma que cada país u organización se encargó de recuperar alguna zona; es así como el gobierno alemán reconstruyó la Ermita, la embajada de España reconstruyó el templo de San Francisco y la firma Rodrigo Llano trabajó en la iglesia de Santo Domingo.
Testigos
Darío Fernández Solano,“yo vivía en el barrio El Ejido, en la calle 13, con carrera 2°, en ese momento, me estaba duchando para ir a trabajar, cuando sentí el sacudonazo, yo como pude, salí a buscar a mi hijo de dos años y junto con mi esposa y madre salimos al patio de la casa, la tapia se fue toda y la plancha se cayó, hubo muchas averías al interior de mi hogar. Después con mi hermano fuimos a buscar a mi abuela, Rosalía Astaiza, ella tenía 90 años y en ese momento estaba en la Catedral, cuando la encontramos como a medio día, estaba bien, no tenía ni un rasguño.”
Felipe Solarte Nates, “para ese momento, yo estaba en Santander de Quilichao, estaba pasando un guayabo y cuando sentí que la tierra se movió, corrí a esconderme en un sótano a seguir tomando, la verdad no le di mucha importancia, hasta que llegue a Popayán otra vez a los dos días, los lugares donde compartía con mis amigos cuando salíamos de la facultad de medicina, ya no estaban, el Café Alcázar, estaba en ruinas, fue un golpe psicológico muy fuerte, pero nos unió como comunidad, todos nos ayudábamos a salir adelante nuevamente.”




