Con el dolor y la soledad a la tumba

Por Jair A. Dorado

Muchos casos de suicidios en jóvenes, niños y adolescentes en edad escolar están relacionados con el bullyng o acoso escolar. Sin embargo y a pesar del drama terrible que supone el fenómeno del suicidio en estas edades tan tempranas, existe una especie de ocultamiento entre las familias y sobre todo en las instituciones educativas. Y esa política no permite adelantarse a los hechos, ni ejecutar campañas preventivas efectivas. A veces las víctimas se llevan las razones a la tumba porque no sienten confianza en los docentes, o tienen una pobre comunicación con sus padres, y acaban padeciendo su calvario en solitario, hasta que les resulta insoportable y toman la trágica decisión. Hablar de suicidio aun causa cierto tabú, y eso resulta muy contraproducente a la hora de buscar soluciones. Hay que sacar los problemas a la luz para poder buscar el remedio, hay que hablar con estudiantes, padres de familia y educadores sobre el bulling, el acoso y el suicidio. Hay que plantear unos canales de comunicación, unas redes de apoyo y unas rutas de atención para que los chicos en sumo grado de desesperación e impotencia no acaben quitándose la vida.
Según cifras del año 2021, en Colombia, 275 menores se suicidaron. Según datos oficiales, 3 de cada 5 niños que son víctimas de este flagelo piensan en quitarse la vida, cada 30 horas uno de ellos lo hace y cada 23 horas un menor de edad intenta suicidarse.
Expertos en el tema le han puesto la lupa a este flagelo. Según los psicólogos en Colombia no cultivamos entre los niños la tolerancia, los padres no promueven las diferencias y cometen el error de comparar a sus hijos con otros. La situación es tan dramática que incluso se dan casos de buliiyn g al interior de las propias familias. Hay matoneo entre hermanos o esposos, y luego esos chicos van y proyectan estos comportamientos en sus círculos académicos. Y en este cuadro enfermizo hay otros elementos aparte de la víctima, como son los victimarios, que también tienen un problema interior, y pueden haber sido también víctimas de otro tipo de violencia y los espectadores, las personas que están alrededor, conocen la situación y no hacen nada por ayudar a las víctimas y en ocasiones alientan el matoneo convirtiéndose en acosadores indirectos. Algo hay que hacer, no podemos como sociedad seguir tolerando estas tragedias tan terribles, no es posible que nadie haga algo por ayudar a estos pequeños.