Lo que nos contaron sobre el tema del Florero de Llorente, en las clases de historia patria en el colegio, un hecho que desencadenó la independencia colombiana el 20 de julio de 1810, tiene un poco de mito y romanticismo. Seguramente los sucesos fueron algo más corrientes, una intriga normalita, que después, con el tamiz propio de los años y la alegoría histórica, adquirieron una dimensión casi épica, y se convirtió en el hecho heroico, el germen mismo de la emancipación de la Nueva Granada del reino de España. Según la historia, para festejar la visita del Oidor Don Antonio Villavicencio, un grupo de criollos, en cabeza de los hermanos Morales, le pidió prestado al español Antonio Llorente, un florero para adornar la mesa del banquete.
A este Llorente no le dio la bendita gana de hacerles el favor y se armó un gran alboroto contra el ‘chapetón’, sus amigos los españoles en general, y todo desencadenó en el grito de Independencia. Este tal Llorente era un personaje de mucho cuidado, despreciaba a los criollos con pasión y a menudo se refería a ellos con expresiones desobligantes; es decir que se ‘cagaba en los criollos y en toda su raza’.
Por lo tanto la gente ya le tenía muchas ganas desde hace tiempo, especialmente la oligarquía criolla, que tenía ansias de poder, y estaba harta de rendirle cuentas al rey y su lejano y decadente reino. Una versión más aproximada la cuenta José María Caballero, un ciudadano bogotano que entre 1743 y 1819 llevó un diario donde anotó asuntos personales y todo lo que ocurría en la vida política y social de la Nueva Granada. El libro se llama ‘Particularidades de Santafé’ y allí dice que la gente ya estaba cansada y lo que encendió la chispa de la Independencia fue una pelea callejera.
“Don Josef Llorente, español, y amigo de los ministros opresores de nuestra libertad, soltó una expresión poco decorosa a los americanos. Esta noticia se difundió con rapidez, y exaltó los ánimos ya dispuestos a la venganza”. Lo del florero y la visita de Villavicencio por lo tanto parece ser que fue agregado después a esta historia para darle un matiz de leyenda y patriotismo. De lo que no hay duda es del hecho de la pelea entre los Morales y Llorente, quien estuvo a punto de ser “linchado” por la multitud que se agolpó a la entrada de su tienda, en la esquina nororiental de la plaza de Bolívar.
“Apenas entró en su casa cuando un pueblo inmenso se hallaba al frente de ella resuelto a ponerlo preso y tal vez a asesinarlo. El alcalde ordinario don Josef Miguel Pey ocurrió a sosegar este tumulto y a salvar la vida de este hombre desgraciado”.
El 20 de Julio y el desgraciado de Llorente
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