
El hombre es cosa sagrada para el hombre, escribió Séneca. «El embrión humano es algo divino, en tanto que es un hombre en potencia», escribió Aristóteles. Estos dos filósofos no pertenecen a cultura judeocristiana; y sin embargo entienden que aún con las limitaciones y miserias que acompañan la existencia en este mundo, la vida humana encierra un valor inconmensurable, prácticamente divino, desde su comienzo hasta su natural término.
Hay que cultivar el talento de descubrir las pequeñas cosas que hacen de nuestra vida, por más humilde que sea, un asunto maravilloso. La vida del hombre tiene una condición divina, con independencia de sus tribulaciones.
Valoremos lo que hay
Hay gente por ejemplo que no valora su trabajo, reniega de su sueldo, de su carga laboral, de las exigencias, de los compañeros, de las normas que se le imponen, del terrible tormento que significa madrugar cada día y dirigirse a su labor. Hay gente que vive renegando permanentemente de las circunstancias de su vida y se convierte en un fastidio para quienes tienen la mala fortuna de pertenecer a su círculo laboral o familiar; y no digo social porque se supone que eso ya depende de los gustos y afinidades que uno tenga.
Una aventura
La vida en sí misma es una aventura permanente cuyo guión se renueva cada mañana; no sabemos lo que nos depara el día, a pesar de que nos movamos en una aparente rutina esquemática, nunca habrá dos días idénticos. Aunque este uno en una celda y los días se deslicen uno tras otro como un film repetido, dentro de nuestra mente hay un universo infinito con millones de escenarios posibles que se superponen y se recrean.
Perfección
Se r exigente y buscar la perfección en cada cosa que hacemos es en muchas ocasiones el reverso de una moneda. La exigencia nos hace desarrollar múltiples capacidades, pero a su vez, quien se aplica una alta autoexigencia raras veces se siente satisfecho. En realidad, la perfección no es más que una quimera, una aspiración intangible. No existen las vidas perfectas y sin altibajos. La existencia es un carrusel de emociones intensas con un objetivo: aprender cada día de nuestra vida.





