
El tiempo del que los seres humanos disponemos desde que la sociedad de información y las nuevas tecnologías invadieron nuestras vidas, cada vez es más escaso, esto es una verdad de Perogrullo. Andamos en un corre corre, o con una carga de obligaciones tan pesada y extenuante, que nuestros días son como un soplo. Todo pasa rápido. Despertarnos en la mañana y volver a la cama al final del día es todo un solo plumazo.
Pero no todas las personas parecen comprender esta situación, y carece de respeto por el tiempo de los demás. Queremos replicar los consejos de algunos especialistas para aprender a respetar el tiempo de los demás. Ser puntual. La puntualidad causa buena impresión. Pero además es una indiscutible señal de respeto hacia el tiempo de otros. Si nos retrasamos, avisamos. Si no vamos a llegar a tiempo a una cita, debemos avisar y si es posible decir cuánto tiempo aproximadamente tardaremos en llegar.
Cancele las citas
Si no vamos a ir, cancelamos lo antes posible. No debemos esperar hasta el último momento para cancelar una cita, debemos avisar cuanto antes, para que la otra persona se pueda organizar. Si llegamos tarde. Debemos entender que no nos puedan dedicar el mismo tiempo que si hubiésemos llegado a la hora acordada. Escucha cuando te hablen. Si no pones atención a la persona que te habla, ella pierde su tiempo y tú, el tuyo.
Pregunte
Evita disponer del tiempo de otros. No debemos comprometer a terceras personas para hacer algo sin avisarles. Pregunta antes de nada.
Parecen gestos de sentido común, pero hay quien los pasa por alto. Por ejemplo hay personas que tienen unas rutinas más tranquilas y suelen hacer llamadas telefónicas interminables, para charlas asuntos sin mucha importancia, sin preguntar a su interlocutor si está o no ocupado. Hay otras que se presentan sin avisar a nuestros lugares de trabajo o de residencia y pretenden que uno tenga tiempo de atenderlos, sin preguntar si uno está en algo o no. O te paran en la calle alegremente, asumiendo que tienes todo el tiempo del mundo. En fin, el respeto por el tiempo de los demás debe convertirse en una norma casi de urbanidad.





