Por Diego Jaramillo Salgado
Invocar parte del coro del himno de la guardia indígena del Cric es la mejor forma de animar a un gran compañero, amigo y líder político de la región la búsqueda de seguir aferrado a la vida. Después de un encuentro cultural en Lerma, Bolívar, dentro del proceso de paz que allí se implementaba, Jesús Piñacué, presidente del Cric, me propuso escribir una columna sobre Ciro Tique. Me hablaba de los errores de la justicia dentro de un proceso judicial en que estaba implicado y de la necesidad de hacerlo público. Contesté que lo haría, pero conociendo documentos al respecto. Nunca llegaron. Eso me permitió saber a quién se refería; pues en verdad no tenía noción del personaje. (Fue un período en que yo vivía cuidándome del Das por seguimientos y amenazas de que fui objeto). Solo por ese viaje pude saber que era el nombre de guerra en su militancia en el Grupo Armado Quintín Lame, correspondiente con el del ciudadano Henry Caballero. Pasado ese impase judicial ya lo vi en procesos de las organizaciones indígenas. Principalmente en la convocatoria a las elecciones del año 2000 que dieron el triunfo al Taita Floro Tunubalá. Nombrado secretario de gobierno y luego consejero de paz de ese proceso, pude conocerlo en varias expresiones de su personalidad. Un trabajador incansable disciplinado, como el que más, y amigo del consenso. Poseedor de una amplia experiencia, como delegado del Quintín Lame, en su participación en reuniones con la coordinadora guerrillera al lado de Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas, Manuel Pérez, Carlos Pizarro y Francisco Caraballo. Lo mismo, en las negociaciones con el gobierno nacional conducentes a su desmovilización. Qué no decir de su trabajo como negociador en las múltiples mingas realizadas por el Cric y organizaciones sociales. A su vez, es “dinamizador” de la Universidad Autónoma Indígena e Intercultural, haciendo sus aportes a partir de su formación como administrador de empresas, maestría en estudios políticos, y, sobre todo, de su amplio caminar en los procesos políticos y sociales. Hoy vive una lucha para la cual no se está preparado, y es difícil conciliar o hacer acuerdos. Más allá de poner en juego esa energía acumulada por los caminos de su incesante andar, y de invocar la palabra de los médicos indígenas. Por ello el grito de ¡Fuerza! ¡Fuerza! debe llegarle reiterativamente con el afecto de todos quienes deseamos que vuelva a estar en el caminar que le dio vida.


