Diego Jaramillo Salgado
Hasta hace treinta años mercar en una galería era parte del paisaje urbano de medianas y grandes ciudades. Hoy en día, hacerlo ocasiona la denominación de “arcaico” o “anticuado” para quien se da el gusto de mantener esa tradición. Aunque, a decir verdad, esos espacios no conservan las características propias de cuando surgieron. Inevitablemente, muchos de los productos no provienen directamente de la gente del campo.
Transporte
Tampoco el transporte lo hace el caballo o la mula como en otros tiempos. Ahora hay que abrirse paso en medio de motos y vehículos de todo tipo. En algunos lugares se mantienen las zorras o carretillas movidas por caballos, dándole un aire provinciano al día de mercado. Persistir en el acceso a estos sitios permite la vivencia de un espacio singular. Disfrutar del paisaje visual que se ofrece a la vista es único en sus formas y expresiones. Tanto por la variedad de ofertas de productos del campo como en los cambios de precios entre uno u otro puesto de venta.
Achiote
No es extraño encontrarse con frutas como la chirimoya de tan difícil obtención en supermercados. O conocer una nueva especie, como nos ocurrió recientemente, parecida al achiote, pero más cercana al anón, denominada achotín. De una exquisitez que ya quisiera uno poder tenerla más frecuentemente para disfrutarla en todo lo que ella brinda. Qué no decir de la variedad de plátanos, yucas, papas, bananos, tomates.
A la par sentir y compartir el olor de las yerbas aromáticas o medicinales, se convierte en algo excepcional. Quizá lo que hace más agradable ese momento es el encuentro social con quienes semanalmente llegan al lugar a ofrecer lo que traen de su finca, chagra o huerta casera. La comunicación semanal lleva consigo las historias compartidas por quienes hacen las ventas. Tanto en lo relacionado con sus familias o pueblos a los que pertenecen, como en las orientaciones para mejorar el consumo de lo que uno obtiene. Es común que ello conduzca al ofrecimiento del padrinazgo de uno de los hijos o hijas que efectúan su primera comunión o confirmación. Lo mismo que soliciten ayuda para aconsejar a un hijo o hija que esta “perdiendo su rumbo”. O la intervención para obtener un cupo en un colegio o en una universidad. Se llega a una especie de familiaridad en que uno se siente protegido de quienes están al acecho de las pertenencias para apropiárselas. Exotismo, arcaísmo o vejez, como quiérase llamarlo, es el disfrute de algo que tiende a desaparecer; pero que mientras tanto alegra semanalmente la vida de quienes podemos vivenciarlo



