Grito silencioso de los bomberos

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En una semana marcada por incendios forestales y altas temperaturas, los representantes de los cuerpos de bomberos de todo el país alzaron un ‘sirenazo‘ como un grito desesperado de auxilio. Esta protesta evidencia el desfinanciamiento crónico que asfixia a esta entidad vital para la seguridad de la ciudadanía. Sin embargo, la triste ironía radica en que solo en medio de la tragedia, cuando los incendios devoran nuestros bosques y páramos, se les escucha.

El ministro Luis Fernando Velasco, en su respuesta, apunta a compromisos futuros y lamenta la falta de recursos heredada de administraciones anteriores. Pero, ¿Cuánto tiempo más deben esperar los bomberos para obtener el apoyo que merecen? La situación exige acciones inmediatas, no promesas dilatadas en mesas técnicas. Es trascendental romper con la indiferencia histórica y asignar recursos concretos para resolver la crisis financiera de los bomberos.

Los acuerdos presentados, si bien son pasos en la dirección correcta, son una respuesta tardía ante una situación que lleva años gestándose. La creación de una mesa técnica y la promoción de recursos son bienvenidas, pero los bomberos necesitan soluciones tangibles ahora, no en el futuro lejano.

La deuda de más de 314 mil millones de pesos y la falta de maquinaria para combatir incendios son urgencias que no pueden esperar. El compromiso de promover proyectos de ley para autorizar la importación de vehículos de emergencia y la exoneración de impuestos son pasos necesarios, pero ¿Por qué esperar tanto tiempo para actuar?

Este editorial no busca señalar culpables, sino subrayar la importancia de priorizar la seguridad y bienestar de la sociedad. La suspensión del concurso de méritos para bomberos oficiales durante situaciones de emergencia es un paso clave, pero la responsabilidad no solo recae en el gobierno, sino en todos nosotros como sociedad.

Es hora de reflexionar sobre la urgencia de apoyar a nuestros bomberos, no solo cuando las lluvias nos inundan, o las llamas rugen a nuestro alrededor, sino de manera constante. La indiferencia estatal ha sido evidente, pero como ciudadanos, tenemos el poder de cambiar esa narrativa. Es momento de actuar y respaldar a quienes ponen sus vidas en riesgo para proteger las nuestras. La tragedia no puede ser la única llamada de atención que merecen los héroes anónimos que combaten el fuego día tras día.