
De extrema gravedad es la denuncia que hace La Defensoría del Pueblo en la que se advierte que las disidencias de las FARC han convertido al municipio de Toribío, en el norte del Cauca en un centro de entrenamiento de niños reclutados. Es el horror que se ha instalado en Toribío.
Amenazas
El Defensor del Pueblo además señala las constantes amenazas y atentados contra las autoridades; gobernadores, médicos tradicionales, guardias indígenas y demás liderazgos indígenas del pueblo nasa, por el ejercicio de sus labores tradicionales.
“La consolidación y concentración del poder por parte de la Columna Móvil Dagoberto Ramos, de las disidencias de las FARC, ha convertido a Toribío en centro de operaciones militares y financieras de esta estructura armada ilegal. Así como lugar de ‘acogida’ o concentración de niños, niñas y adolescentes, que son reclutados de manera forzada en los municipios del norte del Cauca para luego de un breve entrenamiento, ser incorporados en las diferentes subestructuras del Comando Coordinador de Occidente, a la cual se encuentra adscrita esta Columna Móvil”, expresó Carlos Camargo Assis.
Alerta
Se trata de la Alerta Temprana 005 de 2023, emitida para el municipio de Toribío debido a la presencia permanente de la Columna Móvil Dagoberto Ramos de las disidencias de las FARC; de la intermitencia y tránsito del ELN y de la Segunda Marquetalia, además de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia que, aunque no tienen presencia física, son generadores de amenazas.
Vulneración de derechos
“Todos estos hechos causan afectaciones a los derechos humanos de la población civil que reside en este municipio, muchos de ellos expresados en homicidios selectivos, restricciones a la movilidad, desaparición forzada, masacres y desplazamientos forzados”., concluyó Carlos Camargo.
Horror
Qué más podríamos añadir a tan horrorosa situación. Pero quizás lo peor es esa especie de institucionalización que se ha hecho del reclutamiento, como si de alguna manera arrancar a unos pequeños de sus familias para arrastrarlos a la guerra, fuera algo ‘normal’. Es un delito de lesa humanidad, es un acto de barbarie, de extrema crueldad, absolutamente inhumano. Es deber del Estado tutelar los derechos de los niños y niñas reclutados y perseguir hasta el cansancio a los promotores de esta vileza.




