Mientras en el parque Caldas de Popayán, una multitud de niños y adultos se apretujaban y sufrían el rigor de la intemperie durante la celebración del Halloween, en el interior de la Alcaldía de Popayán, los hijos de los funcionarios también disfrutaban de esta jornada, eso sí, con todas las comodidades, sin frío ni lluvia, con presentaciones y actividades bien organizadas, algo de lo que presumía el alcalde en sus redes sociales, con fotos donde se notaba la alegría y el confort de los asistentes. Dentro de lo que cabe, nos parece normal. Casi en todas las entidades públicas y privadas se organizan este tipo de jornadas para los hijos y familiares de los colaboradores. Los niños lucen sus disfraces, disfrutan un rato agradable, reciben dulces, en fin, lo pasan en grande. Pero, y ahí viene el gran pero, la Administración Municipal debería pensar también en esa multitud de niños y padres que llegan al Parque Caldas.Ellos también merecen disfrutar de este día, y nos parece insólito que no se haya programado alguna actividad pensando en eso.
Lo único que podían encontrar ahí era a los fotógrafos con sus telones de fondo que venden las fotos de recuerdo. Hay que tener un poco de sensibilidad social en este tipo de eventos, se trata en el fondo de niños, se les debería obsequiar con un trato más afectuoso y preparar actividades, no hace falta gastar mucho dinero para contratar a unos recreacionistas, si hasta en las fiestas de cumpleaños más humildes los padres hacen esfuerzos para llevar un payaso o diseñar una decoración que les alegre el día a estos pequeños tan maltratados por la sociedad.
La otra lectura que se puede hacer sobre el famoso Halloween, una de tantas fiestas que hemos importado del mundo anglosajón, y que se ha incorporado gústenos o no a nuestras costumbres, casi de manera inconsciente, pues muchos de los adultos que promueven su celebración y que también suelen disfrazarse, desconocen el origen de la fiesta y el sentido de la misma, es que resulta casi insólito someter a unos pequeños a una incomodidad tan grande. Se veían niños agobiados, cansados, llorosos, con ganas de irse a casa, en lugar de estar pasando frío, montoneras y el propio estrés de los adultos, pues a veces hay discusiones y actos de intolerancia. Si se trata de pasar un rato en familia creo que sería mejor que los vecinos en los barrios organizaran celebraciones más tranquilas y sobre todo más seguras, pues muchos niños se veían muy vulnerables en medio de la multitud. Gracias a Dios no ocurrió nada que lamentar.


