
Ahora que en Colombia estamos viviendo cambios históricos, para nadie es un secreto que con la elección del nuevo presidente, la mitad de los colombianos piensan que el país empezará a ir cuesta abajo hasta el punto de llegar a convertirnos en una Venezuela segunda parte. La otra mitad en cambio piensa que nuevos aires de renovación y esperanza llegan al país, y que las cosas empezarán a mejorar.
Optimismo o pesimismo
En este punto es cuando uno debe escoger entre el pesimismo y el optimismo. Y ahí cada uno elige. Y aquí hablamos no solo de los individuos si no de la sociedad. Existe un concepto llamado optimismo social. Según expertos, las personas optimistas están mejor ajustadas psicológicamente, muestran mayor satisfacción con la vida, experimentan más emociones positivas y menos negativas, y además, informan de mayor satisfacción en algunas áreas de su vida, como la pareja y la salud. Al rastrear el progreso de la humanidad a lo largo de la historia, observó que una perspectiva positiva nos ayuda a resolver problemas y nos empodera para forjar un camino a seguir. La civilización depende de un grado implícito de optimismo general. Es un ejercicio colaborativo. La civilización amplifica y acumula la cooperación entre extraños. Las sociedades que brindan el mayor bien a la mayoría de las personas requieren que se confíe más en las personas que en ellas. Las sociedades que tienen más pesimismo que optimismo tienden a no prosperar.
Un gran día
La postura predeterminada en cualquier civilización próspera es optimista: opera bajo el supuesto de que, en general, la mayoría de la gente, la mayor parte del tiempo, cooperará. Se puede confiar en su honestidad y esta cooperación producirá resultados positivos que suman más que la suma. os optimistas acaban siendo personas que gozan de mejor humor, son más perseverantes y generalmente más exitosos que los no optimistas. Algo por lo que debemos comenzar es valorando las pequeñas cosas de nuestro día a día, porque cuando volvamos la vista atrás, puede que nos demos cuenta que esas pequeñas cosas eran grandes cosas. El éxito, como la felicidad, como la propia vida, no es un fin en sí mismo, es un recorrido, un camino. Pongamos en práctica el tema que hace unos años cantaba Serrat :“Hoy puede ser un gran día”.





