Tenemos que acabar el año hablando de uno de esos temas que nadie quiere tratar, esos que se dicen espinosos, que queman, que se guardan todo lo posible, que se aplazan hasta el límite; que se van dejando, a ver si le tocan a otro, al siguiente; como el juego del ‘tingo- tango’. Es que los 80 mil millones de pesos que Popayán debe a los hermanos Solarte, firma de ingenieros pastusos ellos, bien se merecen la larga y cargante enumeración de indicios escrita antes. Si, 80 mil millones de pesos como soles, como soles negros, esos astros de mito que en lugar de iluminar ensombrecen cualquier panorama. Una sombra que nos acompaña desde que salió el fallo del tribunal de arbitramento en el mes de mayo de 2019, a favor de los Solarte, y en contra del municipio de Popayán. Los años venideros quedaron pues marcados por la deuda que cargamos sobre nuestros hombros, sin haberla comido ni bebido. Se hicieron, como no, múltiples apelaciones que solo buscaban retrasar un desenlace previsible, el Consejo de Estado en fallo de última instancia, que es como una estocada, obliga al municipio a pagar la friolera, ya no 72 mil sino 80 mil millones de pesos. Y en este punto pocas argucias o evasivas legales quedan para esquivar el pago. Podemos pecar por pesimistas, pero es que la realidad no es muy esperanzadora, a menos que suceda algo imprevisto. Ahora mismo con eses pasivo las finanzas municipales son ruinosas. Y hay que resolver el cómo pagar. En el anterior periodo de gobierno municipal, se habló de un plan de choque para afrontar la deuda. Mecanismos como la Tutela para buscar el amparo del Consejo de Estado. Eso ya quedó descartado, no hay amparo, ya se falló. Por lo tanto lo que queda, es la otra opción recurrir a la Ley 550 de 1999 o ‘Ley de quiebras’ que facilita el cumplimiento de los compromisos financieros en un ámbito menos formal y con más espacio para la negociación. El problema que hay que resolver y que es el que más temor genera es, de dónde se va a recortar para pagarle las cuotas a los Solarte, o a los herederos que se ganaron una Lotería sin haberla comprado. Plata no hay. Es el momento de afrontar las cosas. El tango ya se cantó, la bola está en nuestras manos y quema. ¿Cómo vamos a pagar?
Jair A. Dorado


