Una pobre democracia

Por estos días de elecciones se ha venido hablando mucho de la participación de los funcionarios en política, siendo la suspensión del alcalde de Medellín por esta actuación ilegal, el caso más sonado. Hace cuatro años, en estas mismas circunstancias la Fiscalía abría investigación contra los alcaldes de los municipios de Popayán y La Vega, por participar en política, específicamente por haber organizado reuniones en las que se exigía contratistas y funcionarios que votaran por uno de los candidatos a la Presidencia de la República. Esta investigación se abrió a raíz de una denuncia hecha por la gente del Partido Verde ante la Comisión de Garantías Electorales. Por asistir a una reunión proselitista también fue separado del cargo el Secretario de Tránsito de Popayán, Caicedo Celis. Para empezar hay que decir que eso se ha hecho toda la vida en este país. Aquí los funcionarios, llámense alcaldes, gobernadores, concejales, diputados, destinan una buena parte de su tiempo al proselitismo sumergido. Hay que prepararle el asiento a los que vienen y de paso asegurarse la continuidad en el aparato estatal. Pero es delito, y si lo hacen es porque; uno, no les importa, o dos, no saben que es un delito electoral, pero esto último no se lo creen ni ellos mismos. En los pasillos de las instituciones oficiales se decide por quién hay que votar si es que se quiere seguir mamando de la teta oficial. Si quiere conservar su ‘puestico’, vote y demuestre que ha votado por el fulano. De lo contrario ni se moleste en pasar solicitudes ni presentarse a las licitaciones. Pero es un delito señores, por si todavía no les queda claro. Presionar a una persona para votar por alguien en especial configura un delito. Sí señores, se denomina ‘constreñimiento al sufragante’, y hace parte del listado de conductas tipificadas como delitos electorales. Ahora que la ley controla más esos asuntos, algunos se atreven a denunciarlo, como sucede ahora. A costa eso sí de grandes perjuicios para quien lo hace, pues la persona que señala esas prácticas se puede quedar fácilmente fuera de la rosca, y sin puesto. Casi nadie se arriesga a señalar en un país en el que nos ha acostumbrado a convivir con la ilegalidad. Hasta el mismo presidente de la República mete la cucharada en la política, habla a favor o en contra de x o y candidato sin ponerse colorado. No pasa nada, las reglas de la democracia están pintadas. Las mentiras, las calumnias van y vienen por las redes. Los grandes medios de comunicación desinforman y se ponen a favor de los candidatos que les dicen los dueños. Y no pasa nada. Los debates están parcializados, los presentadores son condescendientes con unos y hostiles con otro o con otros. Lo único que nos salva de esta marabunta es la conciencia y el conocimiento del elector.