Violencia en torneos de fútbol en Popayán

Don Chirimias

Don Chirimias

Las escuelas de fútbol son espacios muy valiosos para que los niños se conecten con el deporte, y se beneficien de valores como la disciplina, la solidaridad, el trabajo en equipo, el sacrificio y el compañerismo. Sin embargo, y tal como lo narró el director de una de estas escuelas de formación, los adultos están ejerciendo una influencia negativa en los chicos.  

Insultos y agresividad

Ahora que se están jugando varios torneos de categorías infantiles, muchos padres, madres y parientes de los jugadores, asisten como público a los partidos y lo hacen con una actitud pasional pero muy negativa: van a insultar a los árbitros, a los entrenadores rivales, increpan incluso a los niños. Qué terrible. Algunos niños en el campo de juego, contaminados por tal nivel de agresividad, hacen entradas violentas y no dudan también en insultar al público y a sus rivales.

Energúmenos 

¿Qué nos está pasando? Estos padres y adultos energúmenos tal vez sin saberlo, porque sin duda es el producto del desconocimiento o la falta de educación, están sembrando posturas de intolerancia, violencia y agresividad en las futuras generaciones. En esos niveles deportivos lo que menos importa son los resultados, o la competitividad. 

Sin enemigos

Los pequeños aparte de aprender a manejar el balón e interiorizar conceptos de trabajo en equipo, deben ante todo divertirse sanamente, canalizar sus energías, no deben aprender a insultar al rival, ni a la gente que está alrededor de la cancha. Todos son compañeros, ahí no existen enemigos. 
Después nos asombramos del acoso en los colegios, de la violencia entre niños y adolescentes, de la intolerancia, de la falta de solidaridad y empatía con el otro. Y esta lacra no es exclusiva de nuestras tierras, en países que se dicen más desarrollados, sucede lo mismo: En España se han vuelto tristemente célebres las peleas entre los padres de jugadores en categorías infantiles. Para frenar esta costumbre tan dañina, se ha optado desde prohibir la presencia de padres agresivos en los campos de juego, hasta la sanción a los propios hijos de estas personas. Si aquí no se empiezan a tomar estas medidas, la violencia en el deporte seguirá siendo un terrible flagelo social.