COLOMBIA DE NUEVO EN EL MUNDO

Diego Jaramillo Salgado

Después del opaco y servil período del gobierno anterior, Colombia irrumpe de nuevo ante las naciones con un llamado a privilegiar la vida. La del planeta y la de los seres que lo ocupamos. Antes lo hicimos con un canto de alegría y de esperanza con las mariposas amarillas de Gabo. Luego con las banderas de la paz, izadas como posibilidad de superación de múltiples violencias. Entreactos, el deporte, en varias de sus facetas, desplegando otra cara de un país que se niega a ser absorbido por la barbarie y la sinrazón. La ONU fue el espacio en que nuestro presidente se dirigió al mundo para hacerlo reflexionar sobre lo que muchos otros han expresado anteriormente sobre la solución de problemas estructurales sin la cual el límite de nuestra existencia está a la vuelta de la esquina. Antes el Ché Guevara y Fidel Castro habían llamado la atención de lo que sobrevendría si el modo de producción capitalista seguía su curso desaforado. El presidente Chávez había exorcizado ese espacio dando cuenta del impacto del neoliberalismo y del incremento de la desigualdad y del hambre en los países del sur global. Voces cuyos ecos retumban en los pueblos que la padecen, más no en quienes engolosinados con el poder y la riqueza hacen caso omiso de que su usufructo es posible por quienes dedican su trabajo y su inteligencia para lograrlos.

Por ello, alzar nuestra voz para enfatizar que la lucha contra las drogas y el narcotráfico no es solo de nuestra sociedad es algo a lo que no se puede renunciar. Lo mismo que la disminución de la deuda externa y el pago por cuidar la naturaleza y ejecutar programas ecológicos. Ya lo habían hecho cuatro gobernadores de la Región Surcolombiana al iniciar el siglo, frente al Departamento de Estado y la Oficina Nacional de Drogas de los Estados Unidos, y la Unión Europea. Entre ellos, el Taita Floro Tunubalá. Invocar la necesidad de pasar al consumo de energías limpias y, por tanto, transitar hacia la disminución del uso del carbón y del petróleo, es fortalecer el llamado que desde diferentes rincones del mundo se hacen para dar una necesaria oxigenación a nuestro planeta. Quizá el aspecto central fue plantear que el modelo de desarrollo dominante es la causa de lo que viven las sociedades. El individualismo y el consumismo están a la base de la lenta pero persistente destrucción de lo que todavía nos permite vivir. Sabemos que una golondrina no hace verano y que un pichón de ella mucho menos; pero insistir en ello, paso a paso puede abrir el espacio hacia nuevos horizontes.