El infierno

Se han vuelto a poner en evidencia por estos días las condiciones inhumanas en las que se encuentran los reclusos en la carceleta de la antigua Institución Educativa Laura Valencia de Popayán. Por supuesto que no se debe permitir la violación de los derechos humanos de ninguna persona, aunque esté privada de la libertad. Pero estamos en Colombia, y esto ha sido así, es y seguirá siendo por mucho tiempo. El hacinamiento carcelario va unido al concepto de privación de la libertad en este país. Uno sabe que si va a la cárcel la va a pasar mal, aparte del hecho de estar como es normal, privados de la libertad, van a sufrir maltrato, violencia, humillaciones y mucha, mucha incomodidad, y esto dentro de lo que cabe, es normal.

El mejor remedio

El mejor remedio para no sufrir estos padecimientos solo es uno: evitar entrar a la cárcel. Y esta obviedad tan grande tiene mucho sentido, y podría ser muy útil en términos pedagógicos y de prevención, sobre todo en estos tiempos en los que los delincuentes se han vuelto muy precoces, y tantos jóvenes y adolescentes con muchas ambiciones y pocas ganas y oportunidades de trabajar, se entregan al delito con el candor del que se lanza a una aventura, sin tener ni una gota de consciencia de las consecuencias que esta decisiones van a traer para sus vidas: la cárcel, el hospital o el cementerio.

El infierno

Hay un programa de televisión de los Estados Unidos, un reality, en el que jóvenes y niños problemáticos, que se jactan de cometer delitos, tratar mal a los demás y rebelarse constantemente a las reglas, la disciplina y a la autoridad, son llevados a las cárceles donde interactúan con presidiarios, quienes les enseñan con toda crudeza la situación que viven en su vida diaria.
El objetivo es que los chicos sean conscientes de las consecuencias que podrían tener sus actos en un futuro y por supuesto disuadirlos de seguir por los caminos equivocados.
Pues algo así se debería hacer en los colegios. Se debería realizar un documental en el que hablen los reclusos y se muestre la realidad que se vive en el Penal de San Isidro, o en la carceleta Laura de la antigua Laura Valencia, haber sin conociendo el infierno desde afuera, estos jóvenes al menos puedan reflexionar sobre su vida.