Después de todo lo que hemos vivido como sociedad y como humanidad, de unos años para acá, especialmente desde el 2020, el llamado año de la pandemia, celebrar una Navidad más, es casi un privilegio, una bendición. Y aunque los buenos deseos; de fraternidad, paz, armonía, son lugares comunes en esta fecha, parece también que cobraran mayor sentido.
Es ahora cuando más necesitamos que se cumplan, que se hagan realidad y que perduren en esta generación tan golpeada por tantos flagelos. No olvidemos que hace solo dos años vivíamos una de las navidades más atípicas que haya registrado la historia. Bajo restricciones radicales. Con camas UCI copadas, con la red hospitalaria en alerta roja, y muchas familias embargadas por el dolor de una pérdida irreparable. Y no se trata de traer a la memoria los sucesos tristes, con una intención melodramática. Se trata de valorar lo que hay, de amar lo que nos queda, de elevar una oración de gratitud por la vida, por el milagro de la vida que aun palpita en nosotros, en nuestros seres queridos. Estos tiempos nos han enseñado el valor de la familia, del tiempo que pasamos con nuestros seres queridos, de la fragilidad de la existencia humana.
Creo que ese es el principal valor de la Navidad, el carácter divino de la vida en la medida de su fragilidad, de su carácter pasajero. Ahí está pues la familia, pero también los compañeros de trabajo, los amigos. Hay que hacer un esfuerzo por prodigar amor y servicio, pues si bien hoy hacen parte de nuestra vida y nosotros de las suyas, quizás mañana esa ecuación se rompa para siempre por culpa no solo de un virus, si no por otras circunstancias: la violencia, la enfermedad en cualquiera de sus formas.
Enviamos pues un fraternal saludo a nuestros queridos lectores y sus familias, deseando que gocen de una salud que les ayude a sustentar sus propósitos y ocupaciones cotidianas. Que esta fecha sea más que nunca de encuentro, de afecto y de perdón si es que existen malentendidos, ofensas o viejos pleitos. Esta es una buena oportunidad para estrechar la mano o dar un abrazo de manera sincera. Protejamos a nuestros niños, ofrezcamos un espacio a nuestros viejos, cobijémosles con nuestro afecto; a unos porque son el futuro, a los otros porque han entregado sus mejores años. Feliz Navidad queridos amigos.





