Salud intercultural en el Cauca

Resulta muy interesante el trabajo que viene  realizando la Empresa Social del Estado Tcxayutce, en el municipio de Toribío, nororiente del Cauca. El trabajo de la ESE, está fundamentado en la combinación de métodos ancestrales y medicina occidental y ha sido reconocido nada menos que por el Banco Mundial como un modelo exitoso de salud.

La salud intercultural es considerada un subcampo de la salud pública y consiste en tres acciones principales: racionalización de la atención curativa; promoción y prevención de salud y el fortalecimiento del sistema de salud indígena. Sin embargo, es aplicable a cualquier grupo cultural como gitanos o afrodescendientes.

Precisamente en días pasados la gerente de esta entidad hizo un balance de su trabajo en el 2021, ante autoridades diputados y concejales de este municipio y expresó su satisfacción por el avance logrado hasta ahora con el Sistema Integral de Salud Propio intercultural, SISPI. Una forma de trabajo en el cual intervienen los saberes milenarios enraizados en la cultura étnica.

En los tres núcleos de atención responsabilidad de su ESE, en Toribío, Jambaló y Tacueyó, los pacientes reciben este tipo de servicio. Una forma de atención que trabaja con saberes portados por integrantes de la comunidad como las parteras, los sobadores, pulsadores y médicos tradicionales.

La práctica fue también validada por el Ministerio de Salud al reconocer los éxitos en salud logrados por la unidad, la más pequeña de todo el Cauca.

Hay que contextualizar que la población indígena tiene condiciones de vida inferiores al resto, reflejadas en mayor morbilidad y mortalidad a pesar de la cobertura del Sistema de Salud. En ese sentido la interculturalidad se usa como puente entre la cultura occidental y la cultura indígena. En este encuentro de saberes se identifica el modelo de salud indígena como respuesta cultural a la necesidad de mantener la salud y tratar la enfermedad, un modelo organizado jerárquicamente en el que la salud del individuo depende además de sus hábitos, de la armonía con la naturaleza, el espíritu, los dioses y su comunidad.

Este modelo había sido menospreciado hasta hace poco tiempo por la comunidad científica; pero, gracias a los estudios en interculturalidad, se sabe que la salud también debe ser intercultural y que las políticas públicas deben incluirla para poder obtener los resultados esperados en la comunidad objetivo. Para hacer realidad estas políticas públicas debe haber voluntad y agenda política, una adecuada estructura en los servicios de salud y formación de los profesionales de la salud en interculturalidad desde sus estudios técnicos, tecnológicos, profesionales y de posgrado. Esas políticas públicas deben contener: capacitación, empleo de la lengua indígena local, alimentación y equipamiento con elementos tradicionales, diálogo respetuoso con los médicos tradicionales, atención humanizada, entre otros. Así se brinda una atención en salud de calidad que respeta las diferencias culturales de toda la población