
A la estela del tema editorial, queremos destacar los logros científicos y deportivos de muchos jóvenes, que sin darse cuenta desempeñan frente al resto de su generación un rol fundamental para el resto de su generación: servir de ejemplo positivo. Pues un campeonato de fútbol, una medalla, un logro
Cultura mafiosa
Qué bueno que los jóvenes tengan como referencia en sus vidas a otros muchachos que logran destacarse en disciplinas deportivas, en la ciencia, en el emprendimiento, en la robótica, en la literatura, en el arte… Escenarios atractivos y positivos, porque las figuras negativas abundan y son más dañinas. Me refiero a la cultura narco que nos permea como sociedad hasta los tuétanos, en la que es bien visto el ‘traqueto’ porque anda en buenos carros y con mujeres atractivas, porque tiene acceso a lujos, a una vida placentera.
El placer y el lujo
Al menos eso es lo que le venden a las personalidades hedonistas e individualistas que se están forjando en esta sociedad. El placer, el lujo, a cambio de muy poco esfuerzo, a cambio de un poco de temeridad y riesgo. Lo que no se dice, lo que no se percibe tras el reggaetón, tras el bullicio, la ropa y el carro de marca, es que para vivir como esos ídolos también hay que pagar un precio, cómo no, que nada en esta vida es gratuito. Y ese precio suele ser muy alto.
La realidad de las cosas
A los muchachos que creen que en la mafia, en el tráfico y en la delincuencia no hay trampas, hay que abrirles los ojos, hay que aclararles y enseñarles el viejo concepto del oropel. Que no todos logran llegar allá arriba, que detrás de un mafioso que alcanza la cima hay otros cien bajo tierra, en la cárcel o en el hospital. Y lo peor, que los que hoy miran a los demás desde arriba, desde la ostentación y el despilfarro, tienen otros 100 tratando de quitarle el puesto, y casi siempre lo logran. Y no precisamente por las buenas. Esa es la parte del cuento que no les han contado, la otra cara de la luna, la oscura, la que no se ve a simple vista.





